Trump y Putin calientan una nueva guerra fría
La ruptura de los Tratados de desarme es una señal riesgosa que a todos debería alertarnos, sostiene el periodista catalán Lluís Bassets en la columna que nos interesa reiterar.
Vuelven las películas en blanco y negro de la Guerra Fría. La escoba de Trump barrió el orden internacional construido al final de la Guerra Mundial y ahora barre el sistema de desarme inaugurado por Reagan y Gorbachov hace 30 años, cuando los acuerdos de desarme entre las dos superpotencias eliminaron todos los misiles nucleares del territorio europeo.
Es difícil que sea una nueva guerra fría lo que se anuncia. El mundo no es bipolar, sino multipolar. No es un consuelo y puede que sea lo contrario: peor tener muchas potencias nucleares sin acuerdos que las vinculen entre sí que dos superpotencias como eran Estados Unidos y la Unión Soviética, que llevaban muchos años vigilándose, espiándose y negociando acuerdos de paz.
Ahora hay una competencia sin coartadas ideológicas como las había entonces, cuando se trataba de elegir entre dos sistemas, el socialismo y el capitalismo, que procuraban dividirse el planeta en áreas de influencia. Es la emulación en cinismo y en descaro en la lucha por la hegemonía, que lleva a la escalada militar y al incremento del riesgo de un mal cálculo o de un accidente.
Con el arma nuclear mejor no hacer muchas bromas. Que no se haya disparado más que una sola vez y desde 1945 no es garantía de que alguno de los poderosos de este mundo desgobernado no le dé al gatillo. El mayor peligro de la ruptura de los tratados de desarme, como es el caso de la que Trump acaba de anunciar respecto a los misiles de alcance intermedio (entre 500 y 5.500 kilómetros), es el estímulo que significa para la proliferación nuclear. Sobre todo si se suma a otros disparates como romper el Tratado nuclear con Irán.
Quizás no es una nueva guerra fría lo que se avecina, pero es la confirmación de una escalada que nada bueno presagia. La tensión se ha desplazado hacia Asia, donde Trump quiere tener manos libres para enfrentarse al rearme chino, pero en ningún caso olvidará el viejo escenario europeo de la vieja película en blanco y negro, especialmente en la frontera de la OTAN con Rusia.
En cuestiones bélicas, la moda son los drones, las ciberguerras, los robots y la inteligencia artificial, cuestiones todas rodeadas todavía de misterio e interrogantes. Pero lo que es seguro es que un mundo donde las armas nucleares aumentan, en vez de disminuir como hasta ahora, y se dispersan en vez de concentrarse, los mayores riesgos radican en la eventualidad de un percance o de que un gobernante provoque el segundo disparo capaz de desencadenar la catástrofe que quitó el sueño al mundo durante la Guerra Fría.
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