Tiempos de prueba

La dura crisis sanitaria que azota al mundo abre también para nuestro país un tiempo de prueba, que involucra no sólo al nuevo gobierno sino a la sociedad y a los comportamientos individuales. Como si fuera una guerra imprevista e inevitable, la situación requiere temple colectivo, disciplina y cooperación de parte de las familias y las personas. Se requiere fortaleza de ánimo para encarar el porvenir.

El trance puede ser largo y duro y los daños espirituales y materiales que provocará la crisis no pueden medirse aún. En el mejor de los casos, Uruguay vivirá con esta zozobra durante el otoño y el invierno próximos, por lo que nos esperan meses de pandemia con su negativa secuela económica, recesión y desempleo.

El gobierno ha actuado con madurez y rigor, respondiendo a las circunstancias sin improvisaciones ni tardanzas. Es fácil pedir medidas urgentes y drásticas -voceros de la oposición ya reclaman una cuarentena forzosa; el cierre completo de las fronteras o el aplazamiento de las subas de tarifas con una flexibilización de los vencimientos como si fueran fáciles de implementar. Lo que pudo hacerse fue hecho en tiempo y forma por el nuevo gobierno, que se encontró de sopetón con la crisis apenas asumió al mando. Ninguna previsión se tomó anteriormente. Incluso a pocos días de su cese y con la epidemia ya desatada, el gobierno anterior realizó una donación a China de material sanitario, cuantitativamente simbólico para el gigante asiático pero que hoy sería necesario en Uruguay, y el sistema público apenas contaba con 100 kits de análisis para el COVID-19. Sin contar el gigantesco cráter fiscal que le impide el actual gobierno contar con imprescindibles recursos para afrontar la crisis sanitaria y sus derivaciones. El Frente Amplio y sus epígonos, que ahora creen haber encontrado las soluciones mágicas, bien podrían llamarse a silencio durante un largo tiempo. Desde las redes surgen los reclamos más extraños, muchos de ellos basados en la ignorancia, pero confiamos en que el grueso de la población acompañará la actuación gubernamental y comprenderá que no pueden hacerse las cosas a las apuradas y que todo requiere aval científico y técnico.

No es fácil el desafío para el presidente Lacalle Pou. Sus propósitos previos -bajar el déficit a través de la contención del gasto y promover nuevas condiciones económicas a través de la apertura internacional- pueden verse postergados, pero eso no debilita la fortaleza de su conducción. El presidente y su equipo, así como la coalición que sostiene al gobierno, están integrados por líderes preparados para las tormentas. Nadie pensó que este tiempo iba a ser fácil y las graves complicaciones que se presentan ahora no harán bajar los brazos. Antes bien, todo lo contrario.

En el plano económico vendrán horas muy difíciles, porque los comercios -especialmente los de menor dimensión-, las actividades culturales y recreativas, los emprendimientos turísticos, así como los trabajadores independientes, van a estar en la primera línea de las deserciones, con un desempleo que se va a notar de inmediato. Pero, siendo ese aspecto muy desalentador, es indudable que en primer término hay que atender a la acuciante cuestión sanitaria, para lo que la población debe confiar en la acción del gobierno, que no escatimará ningún esfuerzo. Grandes países como Italia y España han sufrido un colapso en su atención médica, pero Uruguay no tiene porqué repetir ese camino. La rapidez con que se han tomado las medidas de prevención permite pensar, precisamente, que el país puede administrar la situación de la mejor forma posible.

Quizás nos enfrentamos a uno de los desafíos más difíciles que hayamos vivido como sociedad organizada. Hubo en el pasado epidemias feroces y hubo crisis económicas y financieras muy duras, pero es posible que la tormenta que se avecina sea, en todo sentido, la más difícil de atravesar.

Con más razón, entonces, es imprescindible convocar a lo mejor de nosotros mismos, un pueblo sensato e inteligente que deberá mostrar ahora su coraje y su perseverancia en tiempos de adversidad.




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