Sin libertad, ofendo y temo
Por Francisco Berchesi
Son de público conocimiento los sucesos que vienen ocurriendo hace algún tiempo en países como Chile y Francia, en los cuales se incendian y vandalizan ciudades enteras, desconociendo e incluso agrediendo toda autoridad, tomando justicia por mano propia.
Pero la realidad es que hay réplicas en varias partes del mundo, por motivos que cuesta advertir. Estos son variados, como también lo son los niveles de análisis. En un primer nivel, el más superficial, se encuentra la realidad actual de toda sociedad. Ciudades en las que el ritmo de vida ha aumentado exponencialmente en las últimas décadas debido a los avances tecnológicos, como también el crecimiento del consumismo y cambios en el estilo de vida, porque nos comunicamos de otro modo.
La raíz de lo advertido se encuentra en lo que el Presidente Sanguinetti denomina el fenómeno de auto representación o debilitamiento de la representación. “Ese ciudadano que se representa a sí mismo, el que a través del Facebook cree ser partícipe del debate nacional y de cuestionamientos a los gobiernos o del apoyo a otras causas y que no son sino parte de todo un magma de noticias, opiniones, ideas que se van trasladando y que tienen un enorme potencial destructivo y mucho menos de las posibilidades de hacer, de las posibilidades de construir.”
Así se producen fenómenos como los ocurridos en Francia con los chalecos amarillos o Chile, en los que conjuntos de ciudadanos desconformes generan revueltas excusándose en subas de impuestos o responsabilizando a los gobernantes de turno por la situación del país. Salen a manifestarse ellos mismos a las calles, porque no se sienten representados. Salen a manifestarse, porque se auto representan.
No se sienten representados y eso mismo debilita la democracia, porque se debilitan los partidos políticos y se debilita la política. Por lo que se debilita el gobierno y la democracia.
La representación es libertad. Libertad para manifestarse, intercambiar ideas, poner las mías en consideración de otros, transformarlas en proyectos aplicables a la sociedad y todo esto dentro de un marco institucional.
En definitiva, lo determinante es la libertad. La libertad para adquirir derechos pero también obligaciones. Libertad para lograr independencia, de tal forma que nos permita elegir nuestra representación con claridad y racionalidad, en vez de hacerlo mediante el conflicto y la reacción.
Un ciudadano sin libertad, ofende.
Un ciudadano no representado, teme.
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