Edición Nº 1097 - Viernes 11 de setiembre de 2026

Simone Veil ingresa al Panteón francés

Reconocimiento póstumo a una figura icónica, fallecida hace un año, al entrar en el templo republicano. Veil personifica los dramas del siglo XX: sobrevivió a Auschwitz y fue luego una europeísta y feminista convencida.

Simone Veil, superviviente de Auschwitz, feminista que logró la legalización del aborto en Francia y presidenta del primer Parlamento Europeo electo, pertenece ya oficialmente al santoral laico de la República francesa. "A los grandes hombres, el reconocimiento de la patria", dice la inscripción en el anacrónico frontispicio del Panteón, donde desde el domingo reposan los restos de Veil (1927-2007), junto a los de su marido, Antoine. Ambos, la gran mujer y su esposo, fallecido en 2013, ingresaron en el imponente templo republicano en una ceremonia que congregó a los poderes del Estado y a miles de parisinos.

Veil, que en vida era un monumento para muchos franceses, es una figura única en la historia reciente de este país. Resume las tragedias del siglo XX y sus combates épicos. Deportada en 1944 por ser judía, perdió a sus padres y a su hermano en el Holocausto. Regresó a Francia y reconstruyó su vida. Ministra de Sanidad de un Gobierno de centroderecha, impulsó la ley sobre la interrupción voluntaria del embarazo. Adoptada en 1975 entre virulentas descalificaciones contra Veil, cambió la vida a millones de francesas. Y fue una europeísta pragmática y convencida, la primera presidenta del Parlamento cuatro años después.

En tiempos de amnesia histórica, de renovados combates por la igualdad y de euroescepticismo rampante, el mensaje de la vida y la obra de Simone Veil está más vigente que nunca.

"Hemos querido que Simone Veil entre en el Panteón sin que pasen las generaciones, como nos habíamos acostumbrado, para que sus combates, su dignidad, sus esperanzas sigan siendo una brújula para los tiempos turbios que atravesamos", dijo el presidente francés, Emmanuel Macron, en un discurso.

Al final de la elocución, pasado el mediodía, la soprano Barbara Hendricks cantó La Marsellesa y entonces se abrieron las puertas del templo, la fachada adornada por una foto del matrimonio Veil y dos banderas, europea y francesa. Los guardias republicanos transportaron ambos ataúdes. Era el final de una ceremonia milimetrada y solemne, un momento intenso de la liturgia republicana como sólo Francia sabe organizarlo, una ceremonia en la que lo laico y lo sagrado se fusionaron para enviar un mensaje al mundo de hoy.

Veil es la quinta mujer en entrar en un templo masculino —templo de "grandes hombres" donde reposan 75 personas—, sus antecesoras en el Panteón son la científica Marie Curie, la etnóloga y resistente a los nazis Germaine Tillion, la resistente Geneviève de Gaulle-Anthonioz y Sophie Barthelot, que entró como cónyuge del científico Marcellin Barthelot. Es también la primera deportada a los campos de exterminio por ser judía.

Y la primera persona panteonizada por Macron y la primera, en la V República fundada en 1958, que entra en la augusta necrópolis del Barrio Latino con su memoria aún presente, sólo un año después de su muerte. La costumbre, en los últimos tiempos, era espera unos años o décadas para evaluar con perspectiva la dimensión histórica del posible panteonizado. Con Veil fue innecesario. El consenso sobre sus méritos era amplio. La decisión de Macron, que como jefe de Estado tiene la prerrogativa de decidir quién entra en el templo, era inapelable.

En presencia de sus antecesores François Hollande y Nicolas Sarkozy y de la amplia familia Veil, el presidente francés recorrió el legado de la difunta y, al explicarla a ella —que como Macron fue una política centrista y europeísta— intentó explicarse a sí mismo, y su visión de Francia y el mundo. La experiencia de la deportación: "La verdad del martirio judío forma hoy parte integrante de la historia de Francia como la epopeya de la Resistencia". La lucha por la igualdad: "Con Simone Veil entran aquí estas generaciones de mujeres que han hecho Francia sin que la nación les ofrezca el reconocimiento y la libertad que se les debía. Que hoy, por ella, se les haga justicia a todas". El europeísmo: "Nada sería peor que renunciar a la esperanza que hizo renacer la historia de las ruinas en las que había quedado enterrada y donde pudo perecer".
El Panteón es un espacio central de la nación francesa, lugar donde se proyecta el relato nacional y también sus disputas. Fue un templo cristiano y laico sucesivamente. Hubo panteonizados que acabaron siendo expulsados. Otros que entraron en seguida, como Victor Hugo. François Mitterrand lo visitó el día de su investidura.

La Revolución de 1789 quiso convertir la iglesia original en el templo que honrase a los "grandes hombres", un concepto construido por los filósofos de la Ilustración. Los "grandes hombres" se distinguían de los reyes porque no eran herederos: su entronización consagraba la meritocracia, según explica la historiadora Mona Ozouf en el primer volumen de la enciclopédica Los lugares de la memoria. También se distinguían de los héroes. "El gran hombre", añade Ozouf, "no debe nada a lo sobrenatural, mientras que el héroe realiza una acción que se corresponde con el milagro. El héroe es el hombre del instante salvador, mientras que el gran hombre es el del tiempo acumulado, en la que se amontonan los resultados de una larga paciencia de una energía cotidiana".

Simone Veil fue un ejemplo de esta vida de momentos y logros acumulados. Ya era una "gran mujer", un "gran ser humano" antes de entrar para siempre en el Panteón.



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