Edición Nº 1081 - Viernes 22 de mayo de 2026

Silencio cómplice

Por Julio Aguiar Carrasco

La situación de Venezuela es insostenible y hay una reiterada violación de los derechos humanos y cívicos, pero el gobierno y el Frente Amplio mantienen un ominoso silencio.

El debate hace rato que ya no tiene sentido. Venezuela es un narco régimen, es decir, una dictadura corrupta, respaldada por los mandos de una institución militar latente, que vive asociada al narcotráfico internacional.

El atropello institucional no deja dudas. Maduro borró de la faz de la tierra al mismísimo Parlamento y a la Suprema Corte de Justicia dando, escalonadamente, un verdadero golpe de Estado, disfrazando todo con una áurea democrática.

Este dictadorzuelo tiene las manos manchadas de sangre y las celdas llenas con presos políticos sin proceso.

El propio Noam Chomsky, profesor emérito del MIT en los Estados Unidos, referente de las izquierdas latinoamericanas, acaba de decir “que el gobierno de Maduro es un desastre. La corrupción y el robo han sido extremo…tuvieron una bonanza temporal y siguieron un modelo dañino. Para colmo la corrupción ha sido enorme”.

La Corte Penal Internacional investigaría a Maduro por la represión del año pasado, en donde murieron 150 personas.


La CIDH rechaza las elecciones convocadas a dedo para abril de este año, por falta de garantías.

Para peor, en el 2017, la inflación superó los 2.000%. Para el 2018 se esperan cifras impresionantes.

El dólar se disparó y el descenso del PBI en el 2016 fue del 18%, mucho mayor que la producida en la Argentina en el 2002.

La Reservas han bajado a niveles alarmantes, 10.4 millones de dólares, una cifra que no se recuerda desde 1995.

Proscripciones, carestía, falta de medicamentos y atención médica, crisis política, pretorianos que andan por las calles con impunidad para matar, censura a los medios, mentiras, agravios, etc.

El dictador venezolano parecería ser un hombre muy limitado. Sus horrores y carencias terminan creando ahora un verdadero drama humanitario, que se extiende a toda América.

Miles de personas emigran. 30.000 venezolanos han salido de su país hacia el Brasil, a Roraima, un Estado fronterizo muy pobre, por lo que la situación es caótica. Se esperan muchos miles más en los próximos días.

La emigración hacia Colombia es terrible. Se calculan que 600 mil venezolanos han pasado la frontera, lo que ha llevado al presidente Santos a tomar algunas medidas, dado que Colombia no está capacitada para recibir a tanta gente y su situación económica no es buena.

¿Qué dice Maduro de este drama que él mismo creó? Nada. Es más, esta migración le viene bien porque distrae la atención de todos los problemas que tiene y además toda esta gente ciertamente no lo iba a votar.

¿Cómo alguien puede creer que en este ambiente se pueden desarrollar elecciones libres en abril, con las garantías necesarias, en una fecha puesta a dedo por Maduro?

Estos populismos de izquierda han fracasado en nuestro Continente porque, sintiéndose ser el Estado mismo, pretenden quedarse en el poder más allá de lo razonable: enceguecidos y censurables desde lo ético a lo pragmático.

¿Porque entonces el Frente Amplio sigue defendiendo al régimen venezolano? La izquierda latinoamericana no tiene discurso, lo perdió: inclusive, algunas máximas han quedado de lado, como “el que se corrompe no es de izquierda”.

El Frente Amplio desnuda sus contradicciones cada vez que hay que discutir temas como el de Venezuela. En su intimidad, el Canciller Sr. Nin Novoa piensa mucho más parecido a los otros partidos que a Mujica, pero las condiciones de creación y vigencia del Frente Amplio le impiden discrepar más allá de un límite.

Con su silencio, el gobierno uruguayo es también responsable por lo que pasa en Venezuela. Los que defienden la actual dictadura no lo hacen por temas ideológicos, sino simplemente para que los populismos no pierdan más terreno. Es un tema de intereses políticos, de poder estratégico, Cuba mediante, con lo cual los Derechos Humanos quedan relegados a segundo plano. ¡Lo impone el relato!

El Uruguay tiene una historia libertaria y republicana que debe defender. ¿Dónde está la famosa solidaridad continental? Para el Frente Amplio, con el dictador Maduro. ¡Está todo dicho!



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