Siempre la inseguridad

Por Julio María Sanguinetti

Detrás del ruido de los debates, de la recaída del Frente Amplio a los intentos de descalificación de los adversarios, sigue la seguridad ciudadana emergiendo como el tema prioritario para la población. Lejos de disminuir el delito y de reformularse el tema hacia una línea clara de conducta, venimos día a día, semana a semana, cayendo en niveles inesperados de degradación nacional. Pensar , sin ir más lejos, que tendríamos bandas de narcotraficantes a los tiros en los márgenes de nuestras ciudades y que entraríamos al mapa negro del tráfico internacional de drogas, con episodios tan inexplicables como la salida del país de 4 toneladas de cocaína hacia Europa, trasciende ya el enfoque tradicional del tema.

Desgraciadamente, el gobierno frentista sigue abrazado a consignas ideológicas, de un modo asombroso. Su programa de seguridad es risible. Dedica sus principales preocupaciones a la “Convivencia” y desarrolla un programa bucólico, ingenuo, que de inmediato provoca la comparación con la realidad, que demuestra que, en 15 de años con mayorías absolutas y buenos presupuestos, las cosas que ahora se prometen no se hicieron. Por ejemplo, en materia carcelaria, se indica que se va a “establecer una política de atención a la población privada de libertad con uso problemático de drogas”. Quiere decir que se confiesa que hasta ahora no se hizo nada. Se asegura que se tendrán en cuenta las reglas Mandela en el sistema penitenciario, para asegurar un tratamiento humanitario. Ante ello, recordamos que el Comisionado Penitenciario tuvo que recurrir a la Justicia en varias instancias, para garantizar un mínimo cumplimiento de las mismas, tras fracasar sus requerimientos al Ministerio.

El programa frenteamplista propone ahora volver a las comisarías seccionales, luego de que a través de la centralización indebida que se procesó en este tiempo fueron literalmente aniquiladas.

Asimismo, se anuncia que se promoverán acciones de reducción de daños para consumidores problemáticos de drogas, luego de haber promovido irresponsablemente el consumo sin hacer ninguna campaña preventiva y educativa.

Mientras tanto, se escapa un delincuente internacional de la Cárcel Central y el gobierno anuncia loa resultados del primer semestre como un gran logro. Resulta que los homicidios fueron 171, más que 2015, 2016 y 2017, apenas algo menos que el escandaloso año pasado, y habría que celebrar. Mientras asumimos como si nada que el 51% no se esclareció, manteniendo así una tasa enorme a nivel internacional.

Las rapiñas siguen subiendo y en este semestre hubo 15 mil denuncias. Pero como en el mismo período del año pasado fueron 14.480, estamos en el mejor de los mundos, cuando andábamos alrededor de diez mil por semestre entre 2015 y 2017. Según el Ministro, bajó la tasa de aumento, entonces hay que felicitarse. Sigue aumentando, sobre niveles que ya parecían el techo, pero igualmente se cree que estamos razonablemente bien.

Si malos son estos resultados, peor aun es la constante negación del problema. Siempre se le busca la vuelta para hablar, como ahora, de que el ritmo de desastre es un poco menor, aunque sigamos aumentando el desastre.

Frente a esta realidad, nos encontramos con una campaña inverosímil en que el candidato Martínez recorre barrios junto al sociólogo Leal, como si esta fuera la gran novedad. El Director de Convivencia lleva 7 años en el Ministerio, ha sido protagonista de la gestión de Bonomi y habla hacia el futuro como si estuviéramos montados encima de un éxito y mejorando la situación. Por cierto no le falta discurso, porque es un hombre inteligente, pero no basta con que por fin le haya logrado convencer al Frente de que un delincuente no es una víctima del capitalismo.  Mucho menos convence que haya aplaudido la reacción de un ciudadano armado que se defendió con armas y luego el gobierno no acepta que la ley establezca una presunción de inocencia cuando actúa la policía.

El tema pasa por otro lado y es el fortalecimiento del principio de autoridad, la recuperación de la presencia del Estado, el cumplimiento estricto de las penas, la ocupación real del territorio en forma permanente y asumir que se está en una lucha frontal contra el delito organizado. Se sigue hablando de “razzias” como algo nefasto, aludiendo a un pasado remoto en que se hacían operativos pidiendo documentos de identidad para identificar prófugos de la justicia y enclaves delictivos. ¿ Los promocionados operativos en Casavalle, no son “razzias”, cuando al barrer se ocupa todo el barrio? Son “razzias” en el viejo concepto frentista y no está mal que se hagan;  lo que está mal es que son episodios espectaculares, luego se van las fuerzas policiales y todo sigue como el día anterior.

El gran desafío es justamente instalar una presencia permanente. El Comisario debe retornar a ser una autoridad conocida y respetada, seguida de funcionarios lo más estables posibles para que conozcan y sean conocidos, ganando la confianza de la gente hoy acosada.

Nadie puede prometer milagros. Un problema complejo no acepta una solución simple. Mucho menos instantánea. Pero así como mejoró Buenos Aires, afín a nuestra idiosincrasia, bien puede mejorar aquí si se asume el tema en su cabalidad

Parte fundamental, y creciente, de esta compleja cuestión es el tema de las drogas. Está claro que la ley de la marihuana, presentada en su momento como una medida para quitar mercado al narcotráfico, ha sido, desde ese ángulo, un rotundo fracaso. También se reconoce oficialmente que en el país ha bajado, en general, la percepción del riesgo en los consumos de drogas. Paralelamente, no se advierten avances en la investigación y producción de medicamentos a base del “cannabis”, que hoy está empleado de modo curandero con productos sin adecuado contralor. El próximo gobierno tiene que encarar el tema muy en serio, para comenzar tratando de que disminuya la demanda y que , al estilo de lo que se hizo con el  tabaco, se reconozcan los daños de todas las drogas. En este temas hay que declarar la emergencia, escuchar a todos los actores y actuar en consecuencia, porque no cabe duda de que el Estado y la sociedad toda deben actuar. Con inteligencia y planificación, pero sin demora.



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