Se trata de poder gobernar
Por Luis Hierro López
Sanguinetti es el candidato que mejor representa la gobernabilidad que el país necesita. Es la garantía de que en marzo próximo podrá funcionar una coalición de gobierno que le dé un rumbo al país. ¿Alguien se imagina que será posible reformar la enseñanza, ordenar las cuentas del Estado y poner coto a los sindicatos sin Sanguinetti liderando al Partido Colorado?
La instancia electoral de fines de este mes, es decir, las elecciones internas de los partidos, es decisiva, tan importante como la final del campeonato, aunque, curiosamente, no sea obligatoria para los ciudadanos. En los hechos, la elección del próximo presidente de la República empieza a definirse en una secuencia que, si bien tiene varios actos, comienza indefectiblemente el 30 de junio. Quien no participe de esa primera parte de la fiesta, se estará perdiendo toda la fiesta.
Lo que está en juego entonces es quién queremos que sea presidente de la República el primero de marzo próximo, si Daniel Martínez, Luis Lacalle Pou, Julio María Sanguinetti u otro de los ciudadanos que actualmente son precandidatos.
Si la ciudadanía opta, al final de toda la secuencia electoral, por seguir con el Frente Amplio, es posible que no haya mayorías parlamentarias, por lo que el gobierno electo tendrá que procurar los acuerdos necesarios.
Si el cuerpo electoral prefiere un cambio, que es lo que anuncian varias encuestas y lo que se percibe en el clima callejero, es evidente que habrá que construir un gobierno de coalición, dado que ninguno de los partidos de oposición tendría por sí mismo las mayorías necesarias. Eso es, recordemos, lo primero que Sanguinetti les propuso a los líderes blancos Lacalle Pou y Larrañaga, cuando los visitó en mayo de 2018, al retomar sus actividades partidarias y bastante antes de que resolviera volver a ser candidato.
Quiere decir que el delicado entramado de una coalición que sea capaz de proponer cuatro o cinco grandes temas al país y, a la vez, cohesionar y disciplinar a las mayorías parlamentarias necesarias, es la enorme tarea que tienen por delante los partidos de la oposición.
Sin desmerecer en ningún sentido las condiciones de otros candidatos, se hace evidente que la figura de Sanguinetti resulta preponderante para esa tarea, por su experiencia, por su condición de estadista, por su probado talante y paciencia republicana. Sanguinetti ha sido pieza fundamental de los últimos grandes acuerdos que consagró el Uruguay, desde los que fundamentaron la salida democrática a las coaliciones gubernamentales que sustentaron a los gobiernos colorados.
Su actual situación en la carrera de expectativas, fortalece más su posición, dado que parece claro a esta altura que Sanguinetti no corre en favor de su persona –es remota la chance de que de él mismo gane la presidencia– sino de su causa, posicionar al Partido Colorado como factor influyente y provocar un cambio de gobierno. No hay ambiciones personales, la suya es una lucha por las ideas.
Quiere decir que la elección interna no sólo refiere a la integración de la Convención y a la nominación del candidato colorado: su resultado influye también en cómo será el gobierno de marzo del 2020.
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