Edición Nº 1099 - Viernes 25 de setiembre de 2026

Redirijamos las políticas sociales

Por Consuelo Pérez

En nuestro país el Estado, muy tempranamente, y siendo de los pioneros en el Continente, se identificó con un "Estado Social" que, cercano al ciudadano, comprendía y solucionaba sus angustias, en la medida de sus posibilidades.

Podemos identificar esa actitud ya en los albores del siglo pasado, pero indudablemente desde antes de la conformación de nuestro Estado, en la propia figura de Artigas, a la que recurren en forma distorsionada muchos populistas que no entendieron, o no quieren hacerlo, su visión de sociedad en la época.

El Estado se entendía y sentía cercano al ciudadano, en un vínculo de confianza y mutua cooperación, en procura del bien común, y con la óptica del Estado puesta en el crecimiento personal y colectivo de los que necesitasen apoyo, como forma de reencausar su existencia por senderos de dignidad y conciencia de que se pertenece a un todo indisoluble.

Claro, si bien los esfuerzos y logros fueron muchos, no formaban parte de un plan que considerara la totalidad de la sociedad y sus necesidades y carencias, sino que las soluciones, al concretarse, apuntaban a temas más o menos puntuales, identificados como problemas ya existentes, los que había que solucionar. Por supuesto que es deseable y necesaria la visión global, que incluso permita predecir, no sólo corregir, y la misma hoy es posible y viable, y se puede y debe implementar a través del Ministerio de Desarrollo Social (MIDES).

Cuando desde la oposición se apoyó la creación de ese nuevo Ministerio, fue, sin dudas, con esa óptica, para generar apoyo, crecimiento, no dependencia esclavista. Concebimos un MIDES coordinando políticas de Estado, y en ese marco, lo necesitamos ejecutando acciones para sacar de la pobreza o indigencia a los sectores que más lo necesiten, previo conocimiento cabal de las distintas situaciones.

El saliente gobierno, obediente al Foro de San Pablo y a su objetivo de tener a grandes sectores de la población bajo la "custodia" del Estado, con fines absolutamente opuestos a los primigenios, utilizó esa herramienta a su modo, cargándola de inoperancia, burocracia, apoyo sin control a entidades no estatales (ONG), que, conjuntamente a los sueldos, se llevaban más del 70% del presupuesto del inciso, manteniendo cautiva e implorante a la población de la cual decían ocuparse. Todo lo contrario, a lo que hay que hacer.

El camino de revertir la óptica de atención, y utilizar la formidable herramienta para lo que fue diseñada, quizá sea doloroso o complejo al principio, pero es necesario y no admite demoras. El Estado debe volver a tender la mano a quien lo necesite, y no sujetársela, para luego no soltar.

La superación personal y de los grupos familiares, con su diversidad y riqueza, el premio al esfuerzo, la integración social, la recuperación de la dignidad, son los objetivos a los cuales debemos volver a apuntar. Para ello hay que estar entre la gente, entender sus necesidades, hablar con ellos, no desde el pedestal de la soberbia que los tiene de rehenes, sino desde su propio ámbito y circunstancias, que forman parte indisoluble de nuestra trama social. Solamente así cambiará su vida, su entorno, y la integración será gradual y posible. En esa actitud, el involucramiento en el territorio es indispensable, y es lo que sabemos, y nos gusta hacer.

Es, ni más ni menos, la tarea que nuestro Partido Colorado ha hecho a través de toda la historia institucional del País, y el Batllismo es la herramienta más adecuada. Al menos así lo entendemos nosotros.




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