Raúl Sichero Bouret
Raúl Sichero Bouret, que falleció esta semana, fue un pionero. Introdujo en el Uruguay la forma más audaz de la arquitectura moderna, añadiéndole a las enseñanzas de su admirado Le Corbusier los acentos de sensibilidad que hicieron de sus trabajos verdaderos íconos.
Sichero vivió largamente, 98 años, y su espíritu emprendedor le condujo a grandes realizaciones que si le trajeron muchas veces angustias, resultaron grandes éxitos hasta hoy reconocidos.
Nació en Rivera, en 1916, donde cursó la escuela y el liceo. Vino a Montevideo a estudiar arquitectura y en 1942 se graduó, con sacrificio, pero destacándose con brillo desde el primer día. A tal punto fue precoz ese reconocimiento que, siendo alumno, ganó un premio en el V Congreso Panamericano de Arquitectura y Urbanismo.
La revolucionaria ley de propiedad horizontal le ofreció la gran herramienta para construir y ponerle su sello a Montevideo. La rambla de Pocitos, tan representativa de la ciudad, fue marcada por sus primeros edificios, La Goleta, Perú, Martí, y más tarde Las Palmas y Río de la Plata. El uso del “brise-soleil” le dio a sus primeros edificios particular singularidad y con la madera, una calidez que ennoblece el racionalismo de los diseños.
El Panamericano y el Ciudadela marcaron etapas de su trayectoria con sus enormes estructuras. Polémicos desde ángulos diversos, logró que se impusieron con un reconocimiento que llega hasta nuestros días y que comienza con sus habitantes, siempre entusiastas de la fineza de los proyectos, los generosos espacios de sus entradas y los emplazamientos hacia vistas plenas de la ciudad.
La idea del Panamericano era de dos bloques, enlazados en diagonal. Solo pudo hacer el primero, que se destaca particularmente por su elegancia, al apoyarse en pilares en forma de “v” y rematarse con una armónica combinación de volúmenes que valoriza los tanques de agua y otros elementos de servicio. Su hall de entrada a lo largo, es un espacio sin parangón en la arquitectura montevideana y sus habitantes cultivan una leal admiración a ese edificio en el que viven, fruto de la obstinación de un pionero que hubo de vencer escollos de toda naturaleza para llevarlo a cabo.
Esa misma adhesión al edificio de parte de sus agradecidos propietarios la hemos visto en el Champs Elysées, de Bulevar Artigas, donde el mismo Sichero vivió. Dentro de su estilo racional, en este caso la calidad de sus materiales y la fineza de sus terminaciones le brindan una calidad relevante.
También en Punta del Este, junto al argentino Mario Roberto Álvarez, proyectó varios edificios notables, como el Pez Espada, el Delfín y los dos Tiburón. Allí su limpieza de diseño se acompaña con acentos de color que logran una armonía sin igual.
Sus casas individuales también se destacan por su personal estilo, de grandes líneas, sencillas y armoniosas.
Más allá de estas referencias, que podrían extenderse por la totalidad de una obra copiosa, Raúl Sichero Bouret fue una personalidad notable, por la pasión y empeño que puso en todo lo que hizo. Enfrentó oposiciones y críticas iniciales a su actitud estética, vanguardista para su tiempo, hasta que su calidad se impuso. Nada lo detuvo en sus emprendimientos. Ni aun exigencias financieras que, más de una vez, parecían insuperables y que resolvió con audacia, honestidad y un enorme sacrificio personal. A ese compromiso pasional se le añadía una sensibilidad artística que emana en todos sus trabajos, aun en detalles aparentemente menores pero que aportan siempre al conjunto.
No se podrá nunca escribir la historia de Montevideo sin su rastro. Así lo señalamos en nuestro reciente trabajo, “Luis Batlle Berres. El Uruguay de la esperanza”. Así lo sentimos y así lo queremos, porque hemos vivido junto a esos paisajes que marcó con su inconfundible sello.
J. M. S.
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