Edición Nº 1102 - Viernes 16 de octubre de 2026

¡Qué atraso!

Por Julio Aguiar Carrasco

Uruguay sigue rezagado en la enseñanza del inglés, una desventaja cultural, laboral y económica

El nacimiento del idioma inglés se remonta a 600 años atrás. Fue llevado a Britania por los germanos y durante siglos sufrió influencia celta, escandinava, cristiana, griega e inclusive un fuerte aporte francés. En el inglés actual inglés, que nace en el Renacimiento, sobrevive el 50% del antiguo.

Del inglés más moderno, puede decirse que Shakespeare es un punto de inflexión. Y que a fines del siglo XIX y todo el siglo XX se transforma en el idioma, no más numeroso, sino más necesario (como segunda lengua, es la más utilizada).

En la primera mitad del siglo pasado, en plena época victoriana, Gran Bretaña impulsó el inglés en todas sus colonias. En la segunda, a nivel mundial, una poderosa Estados Unidos lo impuso en todos los niveles.

¿Qué hicieron los demás países ante este avance incontenible del idioma inglés? La respuesta es muy variada, pero queremos rescatar un ejemplo, por su importancia y porque es contemporáneo.

China continental es un ejemplo de cómo deben hacerse las cosas, sin prejuicios ni ideologías. ¡270.000 chinos se matriculan todos los años en universidades americanas!

¡Una hija del Presidente chino estudia en Harvard, nada menos!

Al mismo tiempo, Estados Unidos tiene las mejores 16 Universidades en las primeras veinte; y 168 entre 500. La primera Universidad china que aparece en este ranking se ubica recién en el lugar 153.

Hace gracia cuando desde el Pit-Cnt se habla de la decadencia americana (desde que me conozco, la izquierda sueña con ella). Allí, en esos centros educativos de calidad y una investigación permanente en todos los terrenos, seguirán haciendo la diferencia.

Cuando uno se informa de estas cosas, la relación entre los Estados Unidos y China continental, enseguida surge la pregunta: ¿Y en el Uruguay cómo estamos?-

Según la organización internacional Education First (Primero Educación), respecto del inglés y en su séptimo relevamiento consecutivo, Uruguay se ubica en el lugar 43 entre 80 países. Estamos ligeramente por encima del resto de Latinoamérica pero caemos en puestos porque otros países evolucionan más rápidamente.

En todos los años en que se ha realizado el estudio, Uruguay sigue estando en el nivel “bajo”.

Con toda la bonanza que ha habido y con el aumento del gasto educativo, ¿Cómo puede ser?

Estos gobiernos del Frente Amplio reman contra la historia, contra el mundo real, contra los valores y contra la internacionalización de la enseñanza (por ejemplo), limitándonos a un muy estrecho marco hacia el futuro, fundamentalmente en lo educativo, que nos asegura rezagarnos cada vez más.

¿El atraso es por mediocridad, prejuicio ideológico de las actuales autoridades, el odio a los Estados Unidos o peor aún una decisión consciente, de que cuánto menos se sepa, mejor? En el mundo pragmático como el de hoy, ninguna de las cuatro tiene cabida en países en serio.

Las primeras propuestas y reformas a fondo desde el regreso a la democracia, las haría Rama, en la segunda presidencia de Sanguinetti. Pero ni el Pit-Cnt ni el Frente Amplio dejaron hacer: recuerdo la penosa discusión en torno de las famosas bandejas de comida, que se le daban a los niños, especialmente a los más carenciados.

La izquierda se encargó de decir cualquier cosa. ¡Y, si no lo sabía, lo inventaba!
 
El tema del inglés es gravísimo. Cualquier ciudadano que viaje sabe que teniendo conocimientos básicos del inglés, va a cualquier parte. Pero no se limita a eso: en el consumo, a nivel cultural, político, diplomático, económico, estudios de post-grados o becas, conferencias, cursos, libros de todo tipo, etc. el inglés, guste o no, es el idioma universal.

Que nuestros niños no tengan el adecuado acceso al idioma, es un crimen intelectual. Es una agresión, robarles el futuro, limitarlos intelectualmente para no poder enfrentar un mundo que cambia vertiginosamente, acercarse cada vez más a la ignorancia, el peor flagelo que un pueblo puede tener.

¡Pensar que la ministra de Industria dice toda suelta de cuerpo, ”que estamos entrando en la cuarta Revolución Industrial”. Si no fuera tan trágico, daría para reírse!



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