Edición Nº 1072 - Viernes 13 de marzo de 2026
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Presión sobre los medios

Por Julio María Sanguinetti

No ha habido gobierno con mayores oportunidades de comunicación que el actual. Nunca el partido de gobierno y sus jerarcas alcanzaron el 90 a 95% del espacio de televisión relativo a las informaciones políticas. Sin embargo, la dirigencia frenteamplista vive enloquecida, amenazando y hasta agraviando a los medios de comunicación. No es uno, son todos, y la reciente elección interna, profusamente informada y divulgada por esos mismos medios, desnudó esa extraña contradicción. Hasta tal punto que la Senadora Topolansky se permite afirmar que el desaliento de la votación frentista se debió a los medios, cuando los ciudadanos, desde hace dos meses, no podíamos prender una radio o mirar un informativo de televisión donde no estuvieran hablando.

El problema de fondo es que las tendencias autoritarias, que desde siempre existieron —y existen— en el Frente Amplio, afloran sin remilgos. Se pretende que las gravísimas noticias sobre seguridad ciudadana se escondan, desinformando a la opinión. Se reclama —vieja obsesión— que las noticias “positivas” predominen sobre las negativas.

El tema es muy importante en términos de libertades. Por un lado, está la regulación de la televisión digital. Por el otro, el pretendido monopolio de Antel sobre la fibra óptica. Y, además, la amenaza de una nueva ley, que incluiría normas sobre los contenidos.

El Presidente de la República, en su momento, fue claro y enfático: “La mejor ley de medios es la que no existe”. Personalmente nos consta que su frase recorrió América y fue puesta de ejemplo en aquellos países en que hoy se sufren intervenciones abusivas del Estado, como son los clamorosos episodios vividos en Venezuela, Ecuador, Bolivia y Argentina. Ahora, la presión “de abajo” le ha llevado a relativizar la afirmación, diciendo que “hay un borrador” pero no una decisión tomada al respecto. Cuando hizo el pronunciamiento anterior, ya era pública la existencia de un proyecto al respecto. De modo que se entendió inequívocamente como una refutación a esa idea. Todo viene cambiando ahora y el Presidente se ablanda ante la presión de sus correligionarios.

Del mismo modo tolera que Antel instale un monopolio por decreto, estableciendo el uso exclusivo de la fibra óptica. Gobiernos anteriores dejaron abierto este espacio, pensando que lo mejor era la libertad en materia de trasmisión de datos. Los monopolios por supuesto requieren no solo ley sino mayoría especial. ¿Cómo puede seguirse adelante con esta decisión arbitraria?

Mientras tanto, deshoja la margarita en las adjudicaciones de las frecuencias de televisión digital, que incluyen nada menos que al PIT-CNT como organización “comunitaria sin fines de lucro”. Salvo el Dr. Bordaberry, no se ha hablado de la posibilidad de que los partidos políticos puedan acceder también a un medio de comunicación. ¿Por qué no? Son las principales organizaciones comunitarias sin fines de lucro y asumen la mayor responsabilidad cívica que es representar a la ciudadanía.

En cualquier caso, los nuevos decretos no respetan los derechos existentes. En todos los países en que se transformó el medio técnico, pasando de la trasmisión analógica a la digital se dejó todo como estaba. Se cambiaba el medio, pero no la distribución existente. Aquí se fijan plazos que no existían y limitaciones nuevas que motivan ya un recurso de apelación ante la justicia contencioso-administrativa que puede resultar muy complicado para el gobierno.

Sea por la vía de las declaraciones, de la adjudicación de los canales digitales o del uso de la fibra óptica, el hecho es que el partido de gobierno ha emprendido una campaña contra los medios de comunicación y quiere ponerles el pie encima. El Frente se olvida que creció al amparo del pluralismo de nuestras telecomunicaciones y ahora que está en el poder, sueña con restringir esa libertad de la que usó y abusó durante años.



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