Edición Nº 1098 - Viernes 18 de setiembre de 2026

¿Por qué de nuevo?

Por Julio María Sanguinetti

Hay sentimientos que hoy día no son fáciles de entender para las nuevas generaciones: el sentimiento de pertenencia a un partido político, la responsabilidad ante el mismo por lo que significa como tradición, la convicción de que sigue siendo un proyecto de futuro, la evidencia histórica de que cuando se debilitan los partidos se debilita profundamente la democracia...

Por esas razones, allá por fines de mayo, en una mañana a esta altura inolvidable para mí, le dije a un grupo relevante de correligionarios, que estaba dispuesto a liderarlos como me lo reclamaban, a identificarnos como “Batllistas” y a salir al escenario con dos propósitos fundamentales: poner de nuevo al Partido Colorado en una situación de decisión electoral e instalar la idea de un gobierno de coalición.

No podíamos mirar sin angustia la declinación de nuestro partido, que bajaba en las encuestas a impensables guarismos de 5 o 6% y no estaba en el escenario del debate político una vez que el Dr. Pedro Bordaberry había anunciado su decisión de no continuar su actividad política.

Se trataba de lo que Ortega y Gasset ha llamado “verdades del destino”, que no son las de la razón sino aquellas que nos imponen un deber sin el cual dejaríamos de ser nosotros mismos.

Hoy, diez meses más tarde, está claro que el Partido Colorado ha resurgido y todo análisis político independiente incluye su presencia como decisiva.

No negamos que a ello han contribuido, también, los movimientos que hoy lideran, respectivamente, José Amorín Batlle y Ernesto Talvi. Competimos con ellos con espíritu fraterno. Sabemos que al día siguiente de la elección interna tendremos que estar juntos para cumplir nuestras obligaciones históricas.

Es muy saludable que existan esas elecciones. Terminan con esa sospecha constante de que las candidaturas nacían de acuerdos entre bambalinas, a espaldas de la gente. Hoy las cosas quedan claras. Quien aspire, puede competir, y la regla de oro es que todos acatemos la decisión soberana del pueblo, en este caso el colorado. No debe haber ganadores y perdedores. Simplemente habrá grados variables de la responsabilidad y nada más. Quien sea el candidato principal tendrá, entonces, la carga de buscar los caminos de entendimiento para que el Partido vote con la mayor comodidad posible, sintiéndose que no hay nadie excluido o marginado.

El resurgimiento colorado ha sido una gran noticia del segundo semestre del año pasado. La otra noticia relevante ha sido el rechazo a la candidatura de Danilo Astori, con la consiguiente declinación de su presencia en el ámbito político. Esta circunstancia cambia el balance de fuerzas adentro del Frente Amplio, en el que el peso relativo del MPP y el Partido Comunista se acreciente, al perder fuerza la opción moderada y moderadora que representaba el Ministro de Economía. Más allá de los cuestionamientos que ha merecido su actuación, es indudable que políticamente le aportaba al Frente Amplio una mirada hacia el centro político que hoy no estará.

De nuevo en el combate electoral, nos sentimos reconfortados por el incuestionable crecimiento de “Batllistas”. Es un reverdecer de la concepción doctrinaria que construyó, sobre la base de la democracia liberal del país, un Estado solidarista que con la legislación social integró a la sociedad, disminuyó las desigualdades y fortaleció la vida republicana. No es ello historia antigua. Nuestros últimos gobiernos renovaron esa visión y los centros CAIF o las escuelas de tiempo completo, entre otras innovaciones, continuaron ese proceso de superación de los sectores más modestos de la población. Del mismo modo, la mirada anticipatoria del Batllismo también reapareció y basta ver lo que ha sido la revolución forestal o el desarrollo de las zonas francas, únicos lugares de inversión en estos gobiernos del Frente Amplio, para juzgar el cortoplacismo infecundo de quienes se han considerado —sin títulos para ello— monopolistas del espíritu solidario.

Entre el conservadorismo que sigue apostando al espontáneo desarrollo de la sociedad y el socialismo difuso y contradictorio del Frente Amplio, el reformismo batllista vuelve a tener une espacio fundamental. Con el añadido de la experiencia de un conjunto de gente capaz de asumir responsabilidades y que ha demostrado en su vida de servicio público los saberes imprescindibles para el manejo del Estado. Saberes que van más allá de la academia , porque la política es el arte de aplicar principios con los pies afirmados en la realidad, tantas veces imprevisible y siempre avara en posibilidades.

En lo que nos es personal, lo que asumimos inicialmente solo como un pesado deber de la conciencia, hoy es un grato ejercicio de la vida política. A ella nos debemos, tratando de levantar su punto de mira, desdeñando las bajezas que cada tanto irrumpen desde las alturas ministeriales y mirando hacia el futuro para legarle a nuestros nietos un país tan esperanzado como aquel en que nos formamos.



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