Edición Nº 1097 - Viernes 11 de setiembre de 2026

Podremos hacerlo

Por Luis Hierro López

Ni en los peores momentos de la crisis del 2002, tuve dudas respecto a la salida. El presidente Jorge Batlle encarnó una decisión nacional y, pese a los enormes desafíos, Uruguay tuvo una reacción rápida y reparadora. Hoy estamos en una situación similar, seguramente más grave, y cuando la realidad más nos golpea, se refuerza mi convicción de que hay un camino y una esperanza.

Mi reconocimiento al presidente Lacalle y a su equipo de gobierno. Lacalle Pou ha demostrado su madera de conductor y de estadista. Le viene de sus ancestros, pero con las raíces no alcanza: hay que demostrar en los hechos cotidianos la capacidad personal para mandar y, sobre todo, para convencer. Los ministros, todos ellos, están desarrollando una formidable tarea: se les ve cansados, pero serenos y responsables en sus decisiones, las que explican sin ofuscaciones ni renunciamientos.

Es muy empinada y dura la ruta que tendremos que remontar en los próximos meses, cuando el país encare la que será, seguramente, la crisis económica más dura de su historia, calificación que le correspondía hasta ahora a la situación de principios de siglo pero que habrá que actualizar ante la contundencia de los hechos. El desafío es múltiple y enorme y no podemos aún medir su entidad completa, pero Uruguay siempre ha demostrado en las circunstancias más difíciles que tiene reservas morales e intelectuales que le hacen más fuerte y sanamente empecinado, aún cuando nos enfrentemos, como esta vez, a un drama humanitario primero y económico y social después como nunca hemos tenido.

No perdamos el tiempo en advertir las maniobras pequeñas de la oposición. Los dirigentes del Frente Amplio se han encontrado con un adversario - Lacalle Pou - al que no saben cómo enfrentar: lo menospreciaron al principio, lo ningunearon, y ahora se dan cuenta que no pueden con él e intentan acercársele y rodearlo. Del caceroleo a la "mano tendida" hay muchas contradicciones de los politiqueros de comité, pero los compromisos que nos convocan están por encima de esas situaciones.

Veamos la parte llena del vaso: un gobierno que responde con dignidad y con inteligencia, una política sanitaria que hasta ahora viene siendo eficaz y responsable, un país que sabe leer las experiencias internacionales y que asume lo mejor de cada una de ellas. Es cierto que hay grupos de uruguayos que no han respondido a la convocatoria al confinamiento voluntario, pero el grueso de la población ha mantenido una conducta de responsabilidad y de solidaridad. Las autoridades han optado por un camino propio: una cuarentena voluntaria, la rápida incorporación de las novedades tecnológicas que pueden contribuir a detectar y combatir tempranamente los focos de la epidemia, una información transparente y responsable. Si miramos hacia América Latina, Estados Unidos y Europa, veremos que la comparación nos fortalece y así parecen indicarlos los números moderados que surgen día a día. Está lleno de expertos y de habladores que dan recomendaciones al Gobierno todos los días, pero está claro que quienes tienen la responsabilidad son los gobernantes y sus equipos técnicos, que vienen demostrando hasta ahora seriedad y eficacia.

En los peores días de junio del 2002, cuando Uruguay se acercaba al abismo, el presidente Batlle mantuvo su convicción y su fuerza interior, como una apelación superior a la energía histórica que el país sabe tener. En ese entonces, recorrimos un camino propio, basado en nuestra historia y apelando a nuestras antiguas virtudes colectivas. A esos respaldos tenemos que acudir ahora, sabiendo que el desafío es muy duro, pero convenciéndonos de que Uruguay mantiene amarres espirituales y morales que lo harán resurgir.

 




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