Pese al aumento de impuestos, el déficit sigue siendo enorme
Hace un año que tiene vigencia el nuevo ajuste fiscal y ha crecido mucho la recaudación, pero sin embargo el déficit mantiene su peligrosa tendencia.
En enero de 2017 cobró vigencia el ajuste fiscal que promovió el gobierno para tratar de reducir el ajuste fiscal, pero a un año de las medidas se advierte que – pese al sacrificio de la población, que ha visto recargada sus salarios y pasividades – el desnivel sigue siendo el mismo, en torno el 4% del producto bruto interno. Ese ajuste fiscal no fue una novedad, ya que a través de los aumentos de tarifas y de otros mecanismos de recaudación, el gobierno ha establecido un mecanismo de ajuste fiscal permanente.
Según el economista Isaac Alfie la perspectiva es muy desalentadora: “Al cierre de enero, las cifras oficiales indican que el déficit fiscal es de 3,7% del PIB; un año atrás (enero 2017) aquel ascendía a 3,6%. Ahora bien, esta cifra debemos corregirla por tres factores: i) el resultado del BSE, ii) la variación en el stock de petróleo de Ancap y, iii) la variación de la deuda flotante. Realizados las correcciones nos encontramos que en ambos casos (enero 17 y 18), el déficit es de 4% del PIB, es decir, nada cambió y todo el aumento de ingresos fue gastado o, si se quiere ver de otra manera, de no haberse hecho el ajuste fiscal el déficit rondaría el 5% del PIB. Con aumento de impuestos, explícitos e implícitos, de 1% del PIB y un nivel de actividad creciendo, el resultado neto bien medido permaneció inalterado. Las señales de alerta son claras”.
Además, los más castigados son otra vez los trabajadores y los jubilados, quienes hacen el mayor aporte a las arcas del Estado. Indicó Alfie que “el aumento de recaudación real del IRPF sobre salarios fue 27,1% y sobre pasividades (IASS) 23,3%, la recaudación de IVA, neta de certificados, cae 1,5% en valores constantes y, un dato no menor, el total del Impuesto a las Rentas de las Personas Físicas, el Impuesto a la Seguridad Social y el Impuesto a las rentas de los no residentes, significa ya poco más de 4% del PIB. De este 4%, un 3,2% (el 80%) proviene de salarios y jubilaciones, 0,3% de no residentes y 0,5% de otras rentas de capital (alquileres, intereses, dividendos, etc.)”.
Es evidente entonces que los impuestos a salarios y jubilaciones son la parte principal del aumento de la recaudación del Estado. Aquello de que “pague más el que tiene más” fue una clamorosa mentira, un vil engaño que hoy sufren los sectores medios de la sociedad.
El Estado no ha hecho el recorte en sus gastos que hubiera correspondido. Sigue gastando lo mismo y pese a que recauda más, su déficit no baja. Malos augurios, porque eso quizás signifique que se avecine un nuevo ajuste fiscal o que el déficit siga alto o aumentando, dañando e hipotecando seriamente las perspectivas del Uruguay próximo.
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