Edición Nº 1072 - Viernes 13 de marzo de 2026

Para no tener que comernos a los conejos

Por Luis Hierro López

Uruguay tiene que producir más y mejor, creando nuevos bienes exportables, para no tener que comernos a los conejos.

El ignorante y liberticida dictador de Venezuela, Nicolás Maduro, batió los récords de las imaginerías socialistas al proponer, ante la hambruna y las miserias que sufren los venezolanos, que críen conejos en sus casas para comerlos tras dos meses de producción. Su propuesta tiene la misma raíz voluntarista y estúpida que durante décadas ha guiado a los dictadores soviéticos, a Fidel Castro y al Che Guevara y a tantos dictadorzuelos que han ingresado en programas productivos y económicos insostenibles, irremediablemente condenados al fracaso. La idea es del tipo de la que propuso Maduro cuando pidió a las mujeres que no usaran el secador de pelo y se secaran sus cabellos con las manos, o a la ridícula invocación de Chávez al exigir que los venezolanos se bañaran sólo tres minutos para no gastar agua.

Sin ingresar en tales excesos, pero obedeciendo a parecidos y viejos dogmas según los cuales es posible distribuir sin producir y establecer la felicidad por decreto, hay quienes en nuestro país proponen una renta básica para reducir la desigualdad y la pobreza. Una reciente publicación de Búsqueda da cuenta que la Oficina de Planeamiento y Presupuesto preparó un análisis en el que se tienen en cuenta las opciones de la renta básica por franjas según se aplique a sectores diversos de la población, menores, jóvenes, personas sin empleo, etcétera. La inversión o gasto que cada una de esas opciones significaría, requieren obligaciones financieras del Estado que van del 7% del producto bruto al 31% del mismo. Es decir, en el caso de renta básica mínima se gastaría el 7% del producto, lo que equivale a generar otro BPS y sistema de pasividades –que ya tiene serios problemas de financiamiento– y que hoy representa ya el 9% del producto. En el caso de la renta básica máxima, se llegaría a dedicarle el 30,8 del producto.

El informe sostiene que con la renta básica máxima Uruguay liquidaría la pobreza y la indigencia, pero no agrega una sola idea respecto al financiamiento. La idea o sugerencia es por lo tanto insostenible, sin llegar a analizar su justicia o injusticia, y llena de asombro que desde la Oficina de Presupuesto y Planeamiento haya funcionarios que pierden el tiempo haciendo ejercicios delirantes.

Lo que tiene que discutir Uruguay hoy es otra cosa y muy diferente a nuestro viejo instinto de redistribuir: el país tiene que prepararse para producir más y mejor, para inventar bienes exportables, para sumarnos al mundo del conocimiento y de la inteligencia que es el que prevalece en el comercio internacional, para advertir cómo agregamos a nuestras exportaciones básicas –carne, lácteos, lanas, celulosa– mayor valor incorporado y, aprovechando las cadenas productivas, garantizar más trabajo de los uruguayos. Cuando los batllistas insistimos en la necesidad de abrirnos al mundo nos estamos refiriendo a eso, a asumir los retos de este tiempo y prepararnos para la sociedad de la inteligencia y del conocimiento.

El principal desafío no es distribuir mejor, sino producir y exportar más y para ello debemos acometer una profunda reforma de nuestro sistema educativo y de nuestra mentalidad. El país tiene que formar jóvenes que se adecuen a los desafíos tecnológicos y que estén dispuestos a competir en un mundo en el que los sindicatos, las corporaciones, el Mides y el propio papá Estado ya no podrán cubrir nuestras carencias colectivas.

Si no entendemos esto podemos terminar lamentablemente como Venezuela, uno de los países potencialmente más ricos del mundo y que tras décadas de despilfarro y de ausencia de productividad, termina comiéndose a los conejos...



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