Edición Nº 1102 - Viernes 16 de octubre de 2026

Pandemia: negación vs. pánico

Por Elena Grauert

Aunque la negación y el pánico parecen acciones contradictorias de cómo enfrentar la pandemia y su agravamiento, de alguna forma son dos reacciones muy íntimamente ligadas a nuestra esencia animal, quizás la forma de defenderse de un enemigo desconocido que no sabemos bien cuándo ni cómo va a parar.

Lo cierto es que es muy duro enfrentar lo desconocido, en un mundo que se ha vuelto o intentado volver predecible y negador de la naturaleza. Nos hemos ido construyendo la imagen de súper-poderosos, creemos que podemos manejar el futuro y minimizar al máximo los riesgos, tentando lograr la vida eterna, cosa que es un imposible dado que como me decía la otra vez una amiga "lo único cierto para evitar la muerte es estar muerto".

Por supuesto -y además-, todo esto toma tintes políticos partidarios a niveles ridículos, dado que lo lógico sería aportar por lo menos calma y no decir todo el tiempo cosas contradictorias como hay que tomar medidas de cuarentena obligatoria, hay que obligar a vacunarse, hay que cerrar las escuelas o todo lo contrario, dependiendo el lugar en que se esté. La verdad es que toda decisión que se tome va a tener críticas, siempre de parte de quien demanda más medidas, plata o menos, según del cristal con que se mire, dependiendo seguramente de la actividad, posición social, edad o cualquier otro factor.

Lo cierto es que ahora todos los uruguayos somos infectólogos, inmunólogos, y estadistas con capacidad absoluta de prever el futuro, pero los que de verdad saben callan porque claramente tienen la capacidad de comprender lo incierto de todo este problema, con ribetes no solo relacionados con la salud, sino con la economía y con el impacto psicológico y social, que todo esto tiene y va a tener, cuyo fin e impacto hoy no pueden ser ni previsibles, ni ciertos.

Por lo que creo que la única forma de enfrentar la incertidumbre, es caminar muy despacito, como si tuviéramos en frente un acantilado y hubiera niebla, tan despacito como podamos, como si quisiéramos "parar el mundo y el tiempo", con una cautela de ahorro tanto del Estado como las empresas y los particulares, midiendo cada moneda que se gasta en que sea operativa y tenga un buen destino, ya sea de inversión conservando trabajos o generando nuevos, de salud apoyando la investigación y al sistema en general . Hay que tratar de vivir bajando la intensidad de tal forma, como si estuviéramos entrando en un parate, para ver cómo y a dónde se van moviendo las piezas del mundo y ahí mover, casi igual que un juego de ajedrez.

El mundo hoy está absolutamente integrado, por tanto, quizás nuestra principal fortaleza es tener reservas para ganar tiempo, pudiendo generar estrategias de crecimiento en razón de los jugadores mayores.

Pero para ello, como bien anuncio el gobierno, se establecen con mucho cuidado algunas medidas de resguardo y desmovilización, intentando no afectar tanto la economía de algunos sectores como el comercio, las pequeñas y medianas empresas, respetando los empleos de los privados que son los que tienen más peligro de perderse y son menos remunerados como el caso del comercio.

Se trata de generar políticas que permitan mantener lo más intacto el presente, evitando desbarrancar, eso implica ni negar y creer que el mundo es un vergel y que en realidad hay una mano opresora que pretende hacer perder derechos a los individuos, ni salir a meter la cabeza debajo de la tierra abandonando todo generando un miedo aterrador, que nos lleve a otro tipo de irracionalidad, como pedir medidas imposibles como cuarentena obligatoria o renta universal, cuando es imposible prever el futuro, el cual ha demostrado ser tozudamente esquivo e imprevisible, si solo pensamos que hace un año muchos creímos que eso debía terminar pronto.

Ya sé que muchos van a decir que era todo previsible, pero creo que claramente, nada lo es y que jamás pudimos imaginar que muchos dejaran de ver a sus padres y casi que no los vieron nunca más, o que viéramos fallecimientos de gente joven o pares, no nada de eso era previsible, ni la nueva cepa.

Todos tenemos que buscar el equilibrio y asumir riesgos lo cual es parte de vivir, lo importante es la mesura, la racionalidad, tanto para el gobierno como para la vida cotidiana, quedémonos lo más posible en la burbuja sin abandonar a nuestros afectos, cuidemos el hoy y el mañana, como si fuera la última vez y caminemos con el sigilo necesario.

Si cada uno de los individuos intentamos buscar los equilibrios que nos permitan atravesar la pandemia, quizás las políticas públicas que se desarrollen en ayudar a los más necesitados sean más efectivas, primero porque habría menos infectados si nos cuidamos y así menos circulación del virus, pero además con la mente despejada quien tenga trabajo lo debe cuidar, quien no tenga debe ver como lo genera, y estudiar las oportunidades y ayudas que se vayan dando.

Siempre todo depende la responsabilidad social y manejo de nuestras libertades individuales y como decía Jean-Paul Sartre "al querer la libertad descubrimos que ella depende enteramente de la libertad de los demás".




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