Edición Nº 1104 - Viernes 30 de octubre de 2026

Pacheco Areco

El pasado miércoles 29 se cumplió un nuevo aniversario del fallecimiento de Jorge Pacheco Areco. Su figura, por su coloradismo esencial y su legalismo en circunstancias aciagas, merece nuestro sentido recuerdo.

Jorge Pacheco Areco nació en Montevideo el 9 de abril de 1920. Era hijo del médico y diputado Manuel Pacheco, quien a su vez era sobrino de Matilde Pacheco Stewart de Batlle y Ordóñez y nieto de Manuel Pacheco y Obes, hermano de Melchor Pacheco y Obes, el héroe de la Defensa. El abuelo materno de Jorge Pacheco Areco, a su vez, era el prominente político Ricardo Areco (batllista primero y vierista después), co-autor junto a Domingo Arena de la ley de divorcio por sola voluntad de la mujer.

Siendo jovencito se vinculó políticamente, a través de su abuelo materno, al llamado "coloradismo radical", que era la fracción colorada que lideraba el ex Presidente Feliciano Viera. Pocos años después, empero, se acercó a sus parientes Batlle Pacheco y así ingresa al diario "El Día".

Estudió en la Facultad de Derecho, pero no llegó a graduarse como abogado. Además de ejercer el periodismo en "El Día", Pacheco dictó clases de Literatura y de Idioma Español en varios liceos y también fue funcionario aduanero.

En las elecciones de 1962 -las mismas en las que Gestido encabezó la lista al Consejo Nacional de Gobierno por la UCB- Pacheco encabeza la lista 10 de ese sector y resulta electo diputado.

En 1966 en la UCB -como en otros sectores colorados- comienza a impulsarse la idea de una reforma constitucional que elimine el colegiado para retornar al Ejecutivo unipersonal. Pacheco adhiere a la iniciativa lo que lo pone en rumbo de colisión con su tío César Batlle Pacheco, fervoroso colegialista. Esa fuerte discrepancia determinará su salida del diario "El Día" en 1965.

En 1966, luego de una larga serie de consultas, completó la fórmula encabezada por el general Gestido, apoyada por la UCB y el Frente Colorado de Unidad, integrado por Glauco Segovia, Manuel Flores Mora, Alba Roballo y otros ex dirigentes de la vieja 15 de Luis Batlle. Fue la fórmula ganadora en las elecciones de ese año.

El general Gestido asumió como Presidente el 1° de marzo de 1967 en medio de la turbulencia económica, política y sindical. El desgaste de esos meses llevan a su fallecimiento el 6 de diciembre de ese año, asumiendo el Vicepresidente Pacheco la Primera Magistratura.

Su gobierno estuvo signado por la violencia callejera y la violencia guerrillera, así como por la turbulencia económica heredada. Ello lo llevó a adoptar medidas duras pero siempre ajustadas a la Constitución.

Agudo político, resistió siempre las presiones para involucrar a las FFAA en el combate a los grupos guerrilleros pero finalmente tuvo que ceder ante la masiva fuga de tupamaros presos en setiembre de 1971.

Las elecciones, pese a todo ello, se llevaron a cabo, triunfando su delfín, Juan María Bordaberry.

Nombrado embajador en España, se encontraba en ese destino cuando se disolvió el Parlamento. Su actitud fue ambigua y varios dirigentes de su entorno participaron de la dictadura. Sin embargo, es sabido, no contaba con la simpatía de los mandos militares del régimen, quienes lo veían como un personaje peligroso y buscaron siempre mantenerlo alejado del país.

En 1980 apoyó públicamente el SI a la reforma constitucional promovida por la dictadura, en la convicción de que despejaba las incertidumbres para avanzar hacia la reinstitucionalización del país.

Colorado leal, luego de la restauración democrática fue siempre un hombre de concordia, apoyando sin ambages a los gobernantes colorados, aun en la diferencia, e incluso cooperando también con sus adversarios, como fue en el caso de la presidencia del Dr. Lacalle Herrera y la administración frenteamplista de Montevideo encabezada por el Dr. Tabaré Vázquez.

Convertido en un personaje de caricatura por el relato de la izquierda, fue -contrariamente a lo que dice ese relato- un hombre de paz pero de firmeza, que combatió la violencia con la Constitución y la ley en la mano. Y por eso merece ser especialmente recordado.




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