Edición Nº 1097 - Viernes 11 de setiembre de 2026

Otro país es posible

Por Luis Hierro López

Entreverado con el régimen de Venezuela, tratando de postergar el drama de Sendic, peleando por la repartija presupuestal, el país no tiene destino. Es imprescindible generar un nuevo tiempo.

Los gobiernos tienen que resolver y administrar, pero además deben mostrar caminos y dar señales. No ocurre eso en Uruguay, donde el Poder Ejecutivo se somete a los comités partidarios y sindicales y tiene una especial propensión para meterse en líos incomprensibles: la adhesión a Venezuela; la repetición de la cansina historia de la rendición de cuentas; la postergación de la anunciada muerte del señor Sendic, cuya sentencia se condiciona a la realización de un Plenario que tendrá en todo caso un resultado polémico. Si lo acusan será tarde, si lo absuelven será vergonzoso, si no resuelven nada el papelón será completo.

El Uruguay del Frente Amplio no ofrece hoy otras alternativas. No hay acciones del gobierno que generen esperanzas. Apenas se insinúa un proyecto con UPM, repitiendo la fórmula colorada de 2003, entonces duramente criticada por la izquierda. Es una historia repetida y quizás hoy no tan necesaria: los revolucionarios del 2005 se dedican a copiar, mal, lo que el país ya hizo. No hay ideas nuevas ni motivaciones y en esa medida cunde una evidente sensación de agotamiento.

Hay cientos de miles de uruguayos que están disconformes. Muchos de ellos apostaron sinceramente al Frente Amplio y hoy deben sentir diversos grados de arrepentimiento y de escepticismo. Otros son opositores intermedios y otro importante grupo de ciudadanos expresa a viva voz su reacción y rebeldía.

Pero, por encima de esas parcialidades, Uruguay sigue su cansino tránsito y los problemas de fondo están ahí: un país que produce poco y que no se moderniza; los salarios y las jubilaciones siguen sumergidas -la mitad de los trabajadores gana alrededor o menos de $ 20.000 por mes, situación en la que se encuentra el 80% de los pasivos-; un sistema educativo que es ineficiente y anticuado; una marginalidad social que sigue lacerándonos; una sociedad acosada por la violencia y una nación que no tiene rumbo ni inserción internacional. No hay visiones de largo plazo sobre cómo será nuestra sociedad dentro de diez años. No sabemos cómo ingresará Uruguay a ese desafiante mundo de las revoluciones tecnológicas y científicas. Todas esas cargas son muy pesadas y acuciantes y deberían convocar a lo mejor de nuestros esfuerzos, pero el debate nacional no circula sobre estas cuestiones principales, sino sobre los excesos en los gastos de las tarjetas corporativas... o los votos que faltan para sancionar la rendición de cuentas.

Otro Uruguay es posible y es necesario. En nuestras tiendas estamos pensando y diseñando ese país nuevo, sintiendo que todo empieza por la renovación intelectual, que nos permita, también a  nosotros, despojarnos de preconceptos o cargas dogmáticas y preparándonos para la batalla cultural que el país tiene que dar entre el presente trancado y el futuro desafiante, quizás peligroso pero que nos abrirá otras oportunidades y escenarios. La mediocridad socialista no nos lleva a nada y debemos sustituirla por una sociedad que promueva los incentivos para la realización personal, la formación integral de los seres humanos y la libertad auténtica de las personas. A los batllistas nos compromete más el porvenir que el pasado y deseamos empezar a construirlo sabiendo que primero debemos refrescar las ideas con sentido crítico y espíritu constructivo. Hacia allá vamos.



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