Edición Nº 1097 - Viernes 11 de setiembre de 2026

Otra vez contra el Parque Roosevelt

Por Jorge Ciasullo

Un año sí y otro también, aparecen iniciativas para transformar (liquidar) el parque Franklin Delano Roosevelt. Algunas, han tomado estado público, otras, sin duda han sido planteadas a las autoridades que, seguramente, por ser entre inaplicables y hasta delirantes, ni siquiera las han considerado -por ahora.

Entre las que han tomado estado público se destacan: estadio de Peñarol (año 2011); inversión de 150 millones de dólares para construir seis torres de apartamentos (año 2017); recinto ferial de aproximadamente 48.000 metros cuadrados, unas 30 hectáreas (año 2020).

Este año 2021, nos encontramos con otra iniciativa: el gobierno de Canelones y la Asociación Uruguaya de futbol (AUF) han "comenzado un diálogo para construir varias canchas de fútbol de alto rendimiento en el parque Roosevelt, con el objetivó de ampliar la infraestructura que ya posee la institución, y para que, además, la comunidad pueda aprovechar y disfrutar el espacio" (Comunicado Gobierno de Canelones).

El presidente de la AUF, Ignacio Alonso, adelantó algunos detalles, señalando que el parque Roosevelt: "le resultó muy atractivo" ya que el Complejo Celeste está saturado y necesitan más espacio. Así, detalló que se buscará "por lo menos" (sic) "tener dos canchas de fútbol 11, espacio para poder ambientar el lugar de desarrollo técnico-arbitral (¿?), para una cancha de fútbol playa y, en la medida de las posibilidades, se busca generar un espacio donde se puede desarrollar una cancha de fútbol sala".

El parque Roosevelt, fue una donación -en 1917- onerosa o modal, por la cual el donatario asume una obligación a través del modo que el donante le impone. En este caso, esa obligación (modo) establece que sus casi 350 hectáreas, sean destinadas a parque público. La violación de ese acuerdo o contrato, podría dar lugar a que lo herederos de la familia donante reclamen la devolución del parque.

Por otra parte, la Ley Forestal (1988) establece que los parques nacionales: "no podrán ser sometidos a explotación, salvo la necesaria para preservar su destino de interés general" (artículo 19).

Nos parece ocioso detallar los beneficios de las zonas verdes en las ciudades, aún pequeñas, entre ellas: combaten la contaminación, regulan la temperatura, y humedad, producen oxígeno, filtran las radiaciones, albergan flota y fauna, que, de otro modo, hasta se extinguirían, etc. Además, y tal vez, sobre todo, son fundamentales para la salud en general de la población, siendo imprescindibles socialmente, toda vez que ofrecen un espacio libre para el esparcimiento o aún la contemplación.

A nadie se le ocurre proponer canchas de fútbol en el Bois de Boulogne (Paris), el Hayde Park (Londres), en el Central Park (New York) o los Jardines La Tamarita (Barcelona). En esta última ciudad, a pesar de los parques que tiene, se está buscando crear nuevos, aún con el traslado de viviendas o complejos ya instalados, bajo el objetivo de "lograr un modelo de ciudad que sea capaz de afrontar los retos que representan el cambio climático y los problemas sociales. La estrategia es incorporar espacios verdes para lograr un modelo de ciudad más resiliente".

Por supuesto que todos los proyectos que hemos mencionado, en sus propuestas establecían o establecen como el que motiva este comentario, su prioridad en el cuidado de las áreas verdes, de su flora y de su fauna, así como su aspecto social, en el sentido que la mayoría de la población podría disfrutarlo o como el actual: potenciar el uso del parque (subrayado nuestro).

Si lo que realmente se quiere es "potenciar el uso del parque" lo que debería hacer la Intendencia de Canelones es programar y señalizar senderos o caminería, construir ciclovías, establecer iluminación, mantener guarda parques permanentes, limpieza y retiro de restos de vegetación, que además constituyen peligro de incendio, retiro de escombros de construcciones que por una u otra razón se demolieron, etc.

La universidad de Harvard, ha definido el término biofilia, como la afinidad emocional de las personas con la naturaleza. En esa inteligencia, los ciudadanos deberíamos solicitar a la Intendencia de Canelones que, si nada pueden hacer con el parque Roosevelt en cuanto a su mantenimiento, lo dejen como está, para que, aún con sus carencias, la comunidad pueda aprovechar y disfrutar de ese natural y maravilloso espacio.




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