Edición Nº 1081 - Viernes 22 de mayo de 2026

¿Otra Venezuela?

Por Julio Aguiar Carrasco

La dictadura nicaragüense merece el repudio de todas las fuerzas democráticas al igual que la venezolana

¡Otro proyecto de “izquierda” con el pueblo alzado en su contra que se tambalea!

En Nicaragua se había comenzado un diálogo entre el Gobierno y el Consejo Superior de la Empresa Privada (COSEP) y la Conferencia Episcopal (CEN). Fracasó porque, entre otras cosas, Ortega no restituye los derechos humanos fundamentales.

El martes pasado, el Obispo Auxiliar de la ciudad indígena Monimbo, en Masaya, avisaba de un descomunal ataque gubernamental, con 1500 a 2000 solados. La ciudad ha sido un bastión de la resistencia: resultado, horas de lucha, 3 muertos, heridos y detenidos.

Carlos Mejía Godoy, cantautor nicaragüense, autor de la Misa campesina, señalaba “Ahora le canto no a la revolución Sandinista sino a los estudiantes que desde abril están luchando: Monimbo siempre con vos”

El Obispo Silvio José Báez escribió un mensaje, “los bolos llegan a la Parroquia María Magdalena, en donde está refugiado el sacerdote, ¡Que Daniel Ortega detenga la masacre!”.

Ortega se ha ido quedando solo. Doce países ya han hecho una fuerte declaración en su contra (incluido Uruguay), que condena la presencia de paramilitares (policías encubiertos). También la ONU y la OEA. Para variar, solo Cuba, Venezuela y Bolivia apoyan a Ortega, seguramente por aquello de que el próximo será cualquiera de ellos. Hasta los gremios se han puesto en contra del dictador.

¿Qué produjo todo esto? En el papel, en abril el Gobierno anunció reformas en la Seguridad Social: rebaja del 5% de las pensiones de los ya jubilados y aumento del aporte de trabajadores y empresarios, Esto habría sido una imposición del FMI (si, un sandinista dependiente del FMI, aunque Ud. no lo crea).

Las protestas comenzaron el 18 de abril, teniendo al estudiantado a la cabeza. La realidad es que esa medida solo fue la chispa que faltaba para prender fuego la sociedad nicaragüense.

Ortega integró la Revolución Sandinista que derribó a Anastasio Somoza, sucesor de su hermano Luís que asumió en 1956, cuando un periodista asesinó a Somoza padre.

Ortega, en el gobierno desde 1985, llevó adelante una política económica con la vieja receta que imperaba en muchas izquierdas latinoamericanas. La desocupación era 6 veces mayor que al comenzar el período de gobierno: la inflación de 1987 fue de 33.547% y la economía era un 55% más pequeña que en 1977.

La siguiente elección la ganó Violeta Chamorro que pasó de una economía centralizada a una de mercado. No pudo con los sandinistas y la corrupción enorme que había heredado.

En el 2006 Ortega vuelve a ganar las elecciones. Ya no era el Ortega de la Revolución, ahora era un capitalista, enamorado del poder. Unido además con Rosario Murillo, “La Chayo” tan embriagada de corrupción y poder como Ortega. ¡Ambos se parecen más a Somoza que al Ortega de la revolución!

Ortega llegó para quedarse indefinidamente. Algunos creen en el Continente que a la democracia se le puede disfrazar y desvirtuar. La reelección indefinida es un ejemplo: es un dictador disfrazado en una institucionalidad que deja de ser, en cierto punto, democrática para ser autoritaria.

Aquí en el Uruguay, desde Tabaré Vázquez para abajo, todos los dirigentes del Frente Amplio defendieron a la Venezuela “democrática”. ¡Y muchos lo siguen haciendo!

 ¿Qué hizo Ortega? Nada novedoso: en el poder político, invadió las Instituciones, desvirtuándolas. Meter miedo a través de la creación de “las turbas”, grupos paramilitares afines al gobierno, patotas que andan en moto sembrando el miedo.

Terminó con la autonomía municipal, se aseguró la reelección indefinida con una resolución de la Sala Constitucional de la Suprema Corte, interpretando el famoso artículo 145 de la Constitución al gusto de Ortega.

Se adueñó del poder electoral y el monopolio de los grandes medios de comunicación. Tiene el monopolio de la fuerza, Policía y Ejército, designando en sus mandos a su propia familia, nepotismo (por ejemplo, su suegro).

Designó a un Consejo de Poder Ciudadano, una estructura popular integrada por su gente.

Hay algo que caracteriza a este tipo de parejas autoritarias: el carácter dinástico de su régimen. Hay varios ejemplos, pero quizás el más notable sea el de construir un nuevo Canal que uniese el Pacífico con el Mar Caribe, con respaldo chino. Bastó que el Canal de Panamá se ampliase, para que el proyecto nicaragüense se fuese al diablo. Mal elaborado, costoso, de difícil construcción, nunca llegó muy lejos. Un día se suspendió y punto.

Los viejos sandinistas dicen que Ortega traicionó a Carlos Fonseca, considerado el padre de la Revolución Nicaraguense y muerto en las selvas de Zinica, antes del triunfo.

Tarde o temprano, Ortega caerá. Como Maduro y compañía. Lástima el sufrimiento que le producen a sus pueblos.



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