Edición Nº 1066 - Viernes 19 de diciembre de 2025

No son demócratas

Por Julio María Sanguinetti

Esa  fue la historia del Frente Amplio, pero sigue siendo su presente. Como si el mundo no hubiera cambiado. Luego de haber aplaudido durante años a los regímenes totalitarios del  “socialismo real”, aún no han asimilado la caída del Muro de Berlín, la revelación al desnudo del fracaso económico, el retroceso social, la pérdida de libertades y hasta la corrupción de los sistemas marxistas. No solo el comunismo practicó esa ideología anti-democrática; también los tupamaros (hoy MLN), que intentaron derribar nuestro sistema con las armas en la mano y un Partido Socialista que todavía felicitaba al sanguinario dictador rumano Ceaucescu poco antes de caer, en 1989.

Ese pasado remanente les lleva a asumir a Cuba como una democracia, al igual que a Venezuela.

No importa que en Cuba haya partido único, diario único y verdad única. Bajo el rótulo anacrónico y desubicado de “revolución”, se despliega un paraguas que todo lo explica y todo lo ampara. ¿Revolución después de 57 años de ejercicio omnímodo del poder? ¿No será que lo que fue una revolución ha terminado siendo un absolutismo monárquico, en que el poder se traslada entre hermanos?

Ya no cuenta ni la historia del “bloqueo” de los EE.UU., estupidez inefectiva que ha mantenido teóricamente vigente una mayoría del Congreso que no termina de entender que si  a alguien ha beneficiado es exclusivamente al régimen. Decimos “teórica”, porque Cuba puede comprar y vender al mundo entero, porque aun desde los EE.UU. recibe remesas de dinero y medicamentos y porque ahora, abierto el turismo y facilitado los desplazamientos de personas, nadie puede hablar de un país acosado.

Suelen confundirse los términos de análisis cuando no se advierte que mantener relaciones diplomáticas plurales con un régimen opuesto no le da ningún reconocimiento de calidad democrática Nosotros reanudamos relaciones con Cuba en 1985 y en nuestra segunda presidencia invitamos a Fidel Castro al país, como no lo había hecho nadie desde el gobierno de Allende. Era un momento de cierta distensión y pensamos entones que podía hacer. Fue efímero. Pero, en todo caso, ni entonces ni ahora Cuba es una democracia sino un totalitarismo puro y duro.

Si miramos hacia Venezuela la situación es de terror. Un gobierno impopular, con una Asamblea Nacional con dos tercios de opositores, acorralado, cercenado en sus competencias y hasta privado de sueldos para sus integrantes, por un gobierno que ha llevado el país a la bancarrota. Como Venezuela es enemiga de EE.UU. también es una democracia y nuestro Frente Amplio se siente solidario.

Reconoce su presidencia en el Mercosur porque, según su criterio, se atiene estrictamente a la formalidad legal. “El derecho está por encima de la política,” repite nuestro gobierno echando tierra sobre el legado de Mujica. Pero ese mismo respeto por el derecho se diluye a la hora de respetar lo que las instituciones de Brasil, con estricto cumplimiento de las reglas, acaban de resolver sobre las responsabilidades de su Presidente. Allí ya no importa el derecho, importa la ”justicia” de la causa, que no es otra que la de defender a un PT corrupto, que montó una enorme maquinaria política sobre la base de las coimas y sobornos a las grandes empresas contratistas del Estado.

Nada de eso le importa al Frente Amplio. El PT es fuerza amiga y punto y aparte. No importa el interés diplomático del país, que nos obliga tener las mejores relaciones con Brasil, sea quien fuere su gobierno.

Por cierto no le atribuimos debilidad democrática ni al Presidente ni al Canciller. Los vemos prisioneros de las mayorías antidemocráticas que conducen al Frente Amplio. Es lamentable pero es lo que se ve.



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