Edición Nº 1100 - Viernes 2 de octubre de 2026

¡No nos representan!

Por Juan Friedl

Las doctrinas que dividen a las personas según su pertenencia a colectivos propician retrocesos en las virtudes cívicas que desde siempre nos caracterizan. No empecemos con esto de vuelta, no seamos cómplices.

¿Acaso es lo mejor para nuestros hijos y los hijos de nuestros adversarios un Uruguay en el que el Derecho se divida por fronteras colectivas? ¿Un país en el que lo más importante del otro no es ya su persona sino el grupo al que es asignado, de entre los enfrentados por dogmas que no resisten examen?

¿No se merece el Uruguay que demos todo de nosotros, una vez más, para no volver a caer en este tipo de enfrentamientos?

Una guerra civil entre hombres y mujeres no es concebible. Tampoco una guerra tribal entre morenos y descendientes de europeos, si es que quedan tales distinciones en un país así de amalgamado. Pero lo que es posible, y debemos evitar a cualquier costo, es que las doctrinas que nos dividen por pertenencia a colectivos destruyan nuestra capacidad de diálogo.

Lo que es posible es que estas doctrinas inspiren, como en otros países ya lo están haciendo, movimientos dispuestos echar por tierra las instituciones de civilidad y de convivencia en respeto al otro que tenemos.

Digamos fuerte y claro, entonces: ¡No nos representan! Los que dividen a los uruguayos entre los que tienen más y los que tienen menos, entre los de tez oscura y los de tez más clara, entre los que nacieron o se hicieron hombres o mujeres, y los del otro grupo al que le asignan el rol de explotador, o bien, de explotado.

Si nos dejamos llevar por la pasión de reivindicar la revolución y no la justicia, la igualación por las leyes y no ante las leyes; si les decimos que "sí" a los que nos definen por lo que ellos creen que somos (peones en una lucha de padres contra hijos, de hermanos contra hermanas, de vecinos contra vecinos), terminaremos en donde siempre terminan estas cosas: En años de retroceso en la convivencia, de retroceso en la cultura, y de retroceso en el conocimiento.

En la guerra la censura siempre fue una herramienta, y ya estamos viendo cómo en esta guerra entre colectivos las perspectivas disidentes están siendo silenciadas. Cuando el conocimiento pasa primero por el filtro político no es posible hablar con exactitud sobre la realidad.

Si hacemos caso a esta oleada de enfrentamiento que se propone, en nombre de la "justicia", de la "igualdad", del "progreso", perderemos lo que nos hizo un gran país prácticamente desde el comienzo: La tolerancia, el civismo, la hospitalidad; la igualdad ante el Derecho, la vigencia de instituciones republicanas, la apertura y la abundancia de oportunidades para todos que la apertura significa.

Digamos con firmeza: ¡No van a pasar! Afirmemos con respeto: ¡No nos representan! Expresemos con orgullo: ¡Nosotros elegimos vivir con libertad, y queremos la libertad también para nuestros compatriotas!

Y cuando veamos al prójimo enfrentar una tragedia, optemos por ofrecerle, con libertad, nuestra mano tendida, en lugar de agregar a los males de la pobreza, la violencia, o la falta de oportunidad, los males de la desconfianza, el autoritarismo y el resentimiento -los males del puño socialista.




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