Edición Nº 1093 - Viernes 14 de agosto de 2026

No es crisis, es decadencia

Por Luis Hierro López

Mientras el gobierno recuerda que hace quince años que Uruguay crece en materia económica –en lo que hay, indirectamente, un reconocimiento a la última administración colorada– cabe preguntar si realmente hemos avanzado en consecuencia. Y la respuesta es negativa. Uruguay vive un lento y pesado proceso de decadencia, del que nos costará salir.

El crecimiento económico indudable que ha tenido el país acompañó la tendencia internacional durante los últimos años. Algunos líderes “progresistas” hacen creer que las políticas vernáculas han sido las causas del desarrollo, pero en realidad, si se compara el crecimiento de varios países latinoamericanos, se verá que hemos estado en el promedio. Con una diferencia: Uruguay viene estancado, mientras Chile, Perú y Paraguay, entre otros, siguen creciendo a buen ritmo.

Hay mérito del Frente Amplio sin duda, aunque el mayor empuje vino de afuera. Paradójicamente, el mérito del Frente Amplio fue hacer exactamente lo contrario a lo que había proclamado históricamente, al mantener las tendencias macroeconómicas que caracterizan al país. El Frente ni estatizó la banca, ni dejó de pagar la deuda, ni nacionalizó los medios de producción, como pregonaba, y se afilió a las tendencias económicas habituales, con lo que el país pudo aprovechar el viento de cola de la década de la demanda china y de las muy buenas exportaciones.

Lamentablemente, esa década de florecimiento no se ha trasladado a la sociedad. Hay muchas personas que han dejado la pobreza, pero esa es una medición estrictamente numérica. Esas familias ganan hoy un poco más que hace unos años, pero su situación siempre está en el borde. La dirección de Estadísticas ha retocado los métodos de medición, pero la realidad se impone, con fuerza dramática, y los pobres siguen siendo pobres. Hay una marginalidad creciente y una fractura social que se palpa a diario como más consistente y agraviante. En términos de mirada histórica y sin tener en cuenta las crisis –muchos voceros del Frente Amplio hacen las comparaciones con relación al año 2002, lo que es ciertamente perverso– la pobreza que tiene hoy Uruguay, así como el desempleo, es de la índole que se ha registrado históricamente. Es como si el crecimiento no se hubiera volcado a los sectores más rezagados. Lo mismo ocurre con el empleo: si los gobiernos frenteamplistas no hubieran designado a 70.000 funcionarios, el desempleo sería nuevamente muy alto. A la vez, si tenemos en cuenta el desempleo directo y el seguro de paro, veremos que las cifras son realmente preocupantes.

Tras quince años de crecimiento económico, el país vive una crisis educativa de enormes proporciones. La reciente confesión del presidente Vázquez –“acá la modificación del ADN en la Educación estuvo en el concepto de la necesidad de cambiar el ADN”– no fue solo un increíble trabalenguas, sino además la confesión de que nada pudo hacer. El anterior presidente Mújica nos había prometido, cuando asumió en 2010, Educación, Educación y Educación, y al culminar su mandato tuvo que reconocer que los sindicatos lo habían superado. Con una deserción que es la más alta de América Latina y con niveles de aprendizaje cada vez peores, Uruguay es un país rezagado en materia educativa y cultural.

Ni la Enseñanza ni las políticas sociales asistencialistas preparan a los jóvenes de las familias pobres para salir de su condición social e intelectual. Las políticas del Frente Amplio condenan a vastos grupos de la sociedad a seguir siendo pobres, al contrario de lo que ocurrió históricamente. La Enseñanza no es hoy un mecanismo de movilidad social y en esa medida la deserción y el desinterés son habituales.

No hay grandes proyectos a la vista. Que el Frente Amplio termine en casamiento –secreto y hasta dónde se sabe, indecoroso– con UPM es significativo de que el país no ha sabido concebir otros emprendimientos. Giramos en torno a la forestación y a las zonas francas, iniciativas de los gobiernos colorados, pero no hubo, tras 15 años de anuncios rimbombantes como el puerto de aguas profundas o la regasificadora, ninguna novedad productiva. Los avances de los que disfruta el país vienen en ancas de las innovaciones tecnológicas que nos ofrece el mundo. El lento pero incesante cierre de empresas y la pérdida permanente de empleos son expresiones claras de lo que nos pasa.

Como se indica en el editorial, el país está estancado y sin perspectivas de mejorar en 2019. Más bien vamos a empeorar, tanto en términos económicos como sociales. Tras quince años de crecimiento el país está otra vez endeudado en términos del 70% del PBI, tiene un déficit insostenible, una presión tributaria que asfixia a las empresas y a las personas y una crítica situación del BPS, según reconocen los gobernantes. La hipoteca que nos dejará el Frente Amplio será, en todo sentido, pesada y costosa.

Tras quince años de crecimiento deberíamos tener hoy un gran empuje, y el país debería estas abierto a las innovaciones y a los desafíos del mundo. Por el contrario, si bien no estamos en crisis, porque las crisis son rápidas, repentinas, estamos en una caída lenta pero inevitable, encerrados y mirando con temor lo que pasa en la región y alrededores.

Sufrimos una decadencia económica y, para peor, intelectual. Se imponen los cambios.



La propaganda terrorista no tiene lugar en la Universidad de la República
DOS SIGLOS
Julio María Sanguinetti
La Semana
El Tratado del Río de la Plata y sus desafíos
Oddone tiene razón, pero falta una pieza decisiva
Un ómnibus secuestrado durante 40 minutos y una Policía que nunca llegó
Puerto de Montevideo entre los peores
Lo del puerto no da para más
CPA Ferrere pone en duda las proyecciones económicas del gobierno
Cipriani posterga el San Rafael: un duro golpe para Punta del Este
La viga en el ojo propio
Hay que hacerse cargo y victimizarse menos
Los partidos históricos
Luis Hierro López
Jason Arday y el precio de convertir una causa en prestigio
Santiago Torres
Movilidad sostenible 2.0: mucho más que cambiar el motor
Fitzgerald Cantero Piali
De Chicotazo a Mujica: la tentación de venerar un personaje
Juan Carlos Nogueira
Libertad para ser libres
Eduardo Irigoyen
Volver no alcanza
Angelina Rios
Sin sueldo no hay casa
Alicia Quagliata
Ante una eventual ola migratoria
Susana Toricez
Facundo Moyano: un apellido, una caja y el poder sindical
De la Espriella y una fortuna que exige explicaciones
Un nuevo eje de poder: Arabia Saudita, Turquía y Pakistán
Abdul El-Sayed, la nueva izquierda que desafía a los demócratas
Frases Célebres 1093
Así si, Así no
ENTRE DICHOS
Inicio - Con Firma - Ediciones Anteriores - Staff Facebook
Copyright © 2024 Correo de los Viernes.