¿Negligencia o complicidad?

En circunstancias que aún no se han aclarado por completo, Rocco Morabito se fugó de Uruguay hace tres años, cuando gobernaba el Frente Amplio. Hace poco más de un año, fue recapturado en Brasil gracias al dedicado trabajo de las nuevas autoridades de Interior. Un reciente informe periodístico, reafirma lo que todos sabíamos: Morabito era dueño y señor en la céntrica cárcel donde estaba retenido. Gozaba de libertad de movimiento, movía las cámaras de seguridad a su antojo, disfrutaba de visitas e incluso tenia reuniones con otros mafiosos. Un escándalo que el Frente Amplio prefiere no recordar.

El domingo 23 de junio de 2019, minutos antes de la medianoche, el criminal italiano Rocco Morabito, capo de la Ndrangheta (mafia calabresa), huyó por las azoteas del edificio aledaño a la ex Cárcel Central, en pleno centro de Montevideo. Trepó los muros y apareció en el apartamento de una vecina. Salió de allí, se tomó un taxi, viajó a Minas, volvió a Montevideo y se le perdió el rastro. No había cámaras y sus custodias no advirtieron los movimientos, pese a las múltiples advertencias de la inteligencia policial.

Nuestro país vivió horas de vergüenza. En el Frente Amplio, como era habitual, predominó el silencio cuando no las excusas. Mediante su cuenta de Twitter, el en ese entonces Vicepresidente del gobierno italiano y Ministro del Interior, Matteo Salvini, mostró su indignación: "Es desconcertante y grave que un criminal como Rocco Morabito, jefe de la ‘Ndrangheta' se haya fugado de una prisión en Uruguay mientras esperaba ser extraditado a Italia".

La fuga de Morabito fue una de las muestras más representativas y confirmatorias del estrepitoso fracaso del Frente Amplio en materia de seguridad pública. La desidia de la izquierda local nos colocó en el centro de la polémica mundial. Fuimos, en simultáneo, un país que dejaba pasar toneladas de drogas sin control, con una "epidemia" de homicidios y en el que los grandes narcos se escapaban de nuestras cárceles en taxi.

Por fortuna, hace poco más de un año, con el cambio de administración, los resultados llegaron y Uruguay recobró su credibilidad a nivel internacional con la recaptura de Morabito en Brasil. No obstante, la investigación, a cargo de la Fiscalía, ha tenido un lento desarrollo. En ese sentido, durante la emisión del primer programa Otra Mirada (Montecarlo TV), conducido por Alfonso Lessa, se presentó un nuevo y revelador informe que explora algunas de las líneas de investigación sobre las que se trabaja actualmente.

Con las pruebas recogidas en el mencionado programa, no hay duda que Morabito manejó la ex Cárcel Central a su antojo. En el sexto piso, donde se encontraba "retenido" el delincuente, todas las celdas eran individuales, había espacios comunes e insólitamente, los presos -incluido el italiano- gozaban de libertad de movimiento.

En uno de los videos inéditos a los que accedió el periodístico, se observa como el delincuente movía las cámaras de la prisión a su antojo, cerraba y abría las puertas de otras celdas con total libertad y recibía visitas. Justamente, entre los presos, Morabito era conocido por sus gustos por la pasta, los habanos y, principalmente, por las visitas por fuera del régimen, en las que supo mantener reuniones privadas con otros narcotraficantes. Morabito también tenía sus "asistentes personales", uno de ellos, que se movía con igual libertad, era el recordado asesino de La Pasiva. Morabito "tenía aires del patrón de la cárcel y así le permitieron manejarse", aseguran los periodistas.

Según el informe citado, en el grueso expediente sobre la fuga del italiano, "queda claro que hubo señales de alerta previas que fueron pasadas por alto y que hay gente que, como mínimo, no cumplió con su trabajo...". Las casualidades son demasiadas para creer que se trató de un simple descuido, de una omisión involuntaria. Repasemos brevemente los nuevos elementos.

Poco tiempo antes de la fuga, Morabito era custodiado por dos efectivos armados de la guardia republicana. Así y todo, cuando huyó, los policías no lo advirtieron. Tanto es así, que en el parte de relevo que hicieron antes de retirase, en la mañana, dijeron que durante la noche de la fuga no había sucedido nada anormal. Los guardias del interior de la prisión, no fueron los únicos omisos esa noche. La vecina que vivía en la casa lindera -por la que Morabito se escapó- dice haber dado cuenta de inmediato a los guardias del exterior. Pero ellos tampoco reportaron nada raro a sus relevos en la mañana.

Otra de las grandes incógnitas refiere a las cámaras de videovigilancia. Según se reveló en el informe televisivo que citamos, el 20 de junio de 2019, tres días antes de la fuga, la dirección de la ex Cárcel Central entregó las cámaras a la dirección de asuntos internos del Ministerio del Interior ya que se había solicitado un material por parte de la Fiscalía. El argumento, para entregar las cámaras, fue que por un problema técnico la única forma de cumplir el requerimiento de la Fiscalía era dejar sin videovigilancia la ex Cárcel Central.

Los indicios nos terminan aquí. Según se cita en el informe periodístico, en 2018, luego de un altercado de Morabito con una policía honesta que le incautó un celular, la entonces directora de la cárcel, advirtió: "No están dadas las condiciones, como lo expresé oportunamente, de seguridad que permitan asegurar la efectiva prisión con miras de extradición dadas las características del centro y también el perfil del interno".

En 2019, a un mes de la fuga, otra señal de alerta. Durante una requisa, 25 de mayo de 2019, un mes antes de la fuga, se encontró una cuerda colgando de los ductos de aire en el piso donde estaba recluido Morabito. En uno de los extremos, la cuerda tenía un arnés de seguridad y varios nudos que, eventualmente, podrían facilitar ascender y descender por las paredes del penal. Además, un efectivo encontró -en el mismo piso- una reja suelta.

Finalmente, por si fuese poco, un hecho inocultable. Entre 2017 y 2018, Gerardo González Valencia, un narcotraficante mexicano que esperaba su extradición a EE.UU., y Morabito se reunieron 10 veces en la ex Cárcel Central. Los encuentros, que en su momento fueron advertidos por el programa Santo y Seña, se concretaban gracias a que González Valencia era trasladado desde la guardia republicana. Lo más sintomático es que la jueza del caso Valencia declaró no haber autorizado ningún traslado.

¿Dónde estaban los "expertos en seguridad" del Frente Amplio cuando ocurrieron estos hechos? ¿Negligencia o complicidad? Tarde o temprano, se sabrá.




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