Edición Nº 1102 - Viernes 16 de octubre de 2026

Navegando en solitario

Por Julio Luis Sanguinetti

Estamos solos. Si uno da un vistazo rápido a la situación internacional que le toca a este gobierno se encuentra con una posición inédita. No hay "hermanos latinoamericanos", no hay Mercosur, no hay bloques pre y post guerra fría. Tampoco compañeros de rutas circunstanciales, países relevantes con intereses coincidentes, como en su momento lo fue Europa, y podríamos seguir. La globalización ha devenido en caos. La pandemia solo aceleró los procesos que venían insinuándose, como la fragilidad y la pobreza institucional global o algunos que eran evidentes y ostensibles como la crisis de liderazgo en los "referentes" internacionales de los últimos 50 años.

Nuestra región nunca estuvo tan mal por diferentes motivos. Las crisis han sido , en general , económicas o políticas, se daban en olas que pasaban y que nunca se llevaban todo. Así pasaron desde dictaduras hasta las crisis de deudas, déficits, defaults, barreras arancelarias, etc. Nunca estuvimos todos mal por diferentes motivos más allá de este evento pandémico final, siempre había una puerta de salida que nos daba luz y un camino. Argentina con un proceso de salida del populismo kirchnerista fracasado de la mano ingenua de Macri. Brasil devastado por un cambio de matriz económica que le impide hoy levantarse y un desgobierno que lleva casi diez años, ya sea por el triste y previsible final entre rejas del PT hasta el extremismo "milipopulista" de Bolsonaro. Chile es la paradoja del fracaso político en el éxito del desarrollo. El resto no cuenta por falta de peso o por lejanía.

Por otro lado el eje del mundo se desplazó del Atlántico al Pacífico y tanto Europa como EEUU han presenciado este hecho sin hacer nada, mostrando sus diferencias estratégicas y sus debilidades a la hora de hacer un frente común que acote el peso de China. Lo que es claro es que ninguno está mirando hacia Latinoamérica como un socio a ser sentado en la mesa o un apoyo necesario para el equilibrio de la "futura ecuación" política, salvo China que con pragmatismo, torpezas y solidez busca convertirse en un "brazo extendido" a los países dejados a la deriva por la distracción del norte.

Quizás el ingrediente más preocupante es la crisis de liderazgo en el mundo occidental. Ya a esta altura la sola mención de Trump, Boris Johnson o Pedro Sanchez da una imagen precisa del problema en el que estamos y si a eso agregamos el desgobierno italiano de dos décadas y una Alemania que no termina de asumir su rol, la mesa está servida. No hay dirección, no hay dialogo y lo que es peor no hay plan. La globalización seguirá su derrotero pero sin Estados fuertes. La pandemia ha revelado la fragilidad de los mismos y la falta de preparación para eventos de esta magnitud.

Volviendo al principio, navegamos solos, esa situación es nueva para nuestro país y no hay palenque amigo donde rascarse. No podemos esperar nada del bloque regional, ni de nuestros antiguos "faros" europeos. Estados Unidos nunca nos tuvo en cuenta salvo en la crisis del 2002. Por esto debemos apuntar a la flexibilidad y a la creatividad con mucho pragmatismo. Estaremos navegando en solitario y en barco chico, tiene sus ventajas pero dependerá mucho de las estrategias de política exterior que se diseñen. Habrá que negociar con los vecinos las rigideces del Mercosur y abrir las oportunidades que se están perdiendo por la falta de acuerdos de libre comercio. Allí hay una ruta pero hay que apurarse ya que nuestra competencia nos lleva mucha delantera. Los pasados gobiernos perdieron mucho tiempo en ideología y dogmatismo y por suerte nunca sabremos cuanto nos costó el no al TLC con EEUU. Esperemos ver rápidamente cuando termine la pandemia la dirección de la nave, pero tengamos la certeza que no será fácil, no será rápido y serán aguas desconocidas.




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