Edición Nº 1085 - Viernes 19 de junio de 2026

¡Mi patria es la URSS!

Por Julio Aguiar Carrasco

Las historias de espías no están reservadas al cine. Ocurren en la vida real. En nuestro pequeño país nos hemos enterado, estos días, de la triste historia de Vivián Trías. Pero hay más relatos fidedignos.

África de las Heras Gavilán nació en Ceuta, provincia de Cádiz en 1909. Condecorada ocho veces, una con la Orden de Lenin, de las mayores que entregaba la URSS, el apodo de África para los soviéticos era Patria.

Leer sobre esta espía soviética es como ver una película de James Bond. Actuó en la Guerra Civil española, estuvo en la guerra contra los nazis y luego se embarcó en la Guerra Fría.

Anastasievich, ex agente de la KGB, relata en el excelente libro de Raúl Vallarino, “...hoy no tendría calificativo su dureza”.

En 1948, Patria conoce a en París a Felisberto Hernández, uruguayo, colorado, anticomunista, escritor y pianista. La española se presentaba como una refugiada de la guerra civil española.

Como Patria necesitaba documentación para ingresar al Uruguay, se casó con aquél en 1949, en Montevideo. Se divorciaron en 1951, pero Patria ya tenía todo lo que precisaba, un taller en la calle Colonia, dedicado a la alta costura, en donde estaba instalado el equipo de radiocomunicación para enviar los mensajes a Moscú.

Todo esto se hizo con el conocimiento y apoyo de la propia embajada soviética.

Desde Montevideo, Patria era la responsable de todo lo que pasase a los integrantes de la KGB en Sud América. El manejo de la información era clave por entonces.

Creó la mayor red de espionaje en el Continente, viajó por todos lados y al final retornó a la URSS, donde continuó como entrenadora de espías hasta el final de sus días.

No deseo nombrar a nadie porque todo podría ser mal interpretado. Pero hay una pregunta que se cae por su peso, ¿por qué el Uruguay?

Por 1952, nuestro país estaba en la cúspide de la institucionalidad republicana y democrática. Era un país abierto, casi inocente, lejos de los centros de poder que manejaban la Guerra Fría.

¿A quién se le podía ocurrir que aquí mismo se iba a instalar el centro fundamental de comunicación de la KGB? Sin embargo, en la pregunta está la respuesta!

Hasta la muerte de Arbelio Ramírez, asesinado a la salida de la Universidad de la República, cuando estuvo el Che Guevara, fue su obra, y no de la CIA.

Patria logró, con un encanto enorme que escondía su terrible carácter, penetrar sus agentes en muchos lugares. Ella misma, con mucha delicadeza, se hizo amiga de gente importante, que le abrió muchas puertas.

Se casaría en 1956 con un espía italiano, Marchetti, relación que terminó mal y con la muerte de este último, por causas no muy claras.

Con esto puedo concluir que el comunismo internacional penetraba países como el nuestro, de diferentes maneras: la Embajada, el Partido Comunista y la KGB. Los tres no siempre se comunicaban o conocían las actividades o planes de los otros. Eso sí, coincidían en una meta común, desestabilizar al país, hasta que se cayera su democracia.

Los comunistas tenían armas, pero no las utilizaron. Prefirieron los paros, crear un clima de violencia, trabajar en los sindicatos, con la FEUU, etc. Un trabajo de paciencia pero de mucha eficiencia. Su perspectiva era a largo plazo y sabían que en medio de la Guerra Fría solo podrían ser derrotados militarmente.

Diez años después, iluminados por la Revolución cubana y la Teología de la Liberación, con una visión mítica, aparecieron los Tupamaros, que tenían discrepancias con los comunistas pero que coincidían en algo fundamental, derribar nuestra democracia.

Es decir, la democracia uruguaya era agredida por una gigantesca corriente mundial, marxista leninista; y por una generación ciega que utilizó la violencia, con todo el daño que ello implica.

El país no estaba preparado para una agresión de ese tipo. El precio que hemos pagado es altísimo, hasta hoy, inclusive. Es necesario conocer estos hechos para entender que todo lo que sucedió no fue casual.



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