Por LA LIBRERIA
Ed. Debate, 528 páginas, 2022. Por Ben Wilson
Relata el proceso que se ha extendido a lo largo de seis mil años. Tal es así que hoy mismo, en el transcurso de un sólo día, la población urbana mundial se ha incrementado en casi doscientas mil personas. Mañana ocurrirá también, y pasado mañana. Para el 2050 dos tercios de la humanidad vivirá en ciudades.
A principios del S XX la ciudad tradicional era un lugar repleto de pesimismo, no de esperanza. Más hoy en día, las ciudades exitosas están transformando economías enteras, como demuestra el tan envidiado crecimiento liderado por las grandes urbes chinas.
Cada vez que un área dobla su densidad de población, su productividad aumenta entre un dos y un cinco por ciento: las energías que albergan las ciudades nos convierten en seres más competitivos y emprendedores desde el punto de vista colectivo. No es sólo la densidad de población la que hace que esa fuerza aumente, sino también el tamaño.
Esto genera desafíos, como el alarmante alejamiento de las ciudades con respecto a sus propios países. La economía mundial se ha decantado en favor unas pocas ciudades y regiones asociadas con estas: hacia 2025, 440 ciudades con una población total de 600.000.000 (el 7% de la población mundial) representarán la mitad del producto interior bruto del planeta. Ciudades de mercados emergentes cómo Sao Paulo, Lagos, Moscú y Johannesburgo producirán, ellas solas, entre un tercio y la mitad de la riqueza total de sus respectivos países.
Aun así, la mayor metrópolis del mundo, Tokio, da cabida a unos cuarenta millones de personas en un área de ocho mil cuatrocientos kilómetros cuadrados. Pero hasta un coloso como éste palidece ante los nuevos planes de China, que incluyen megaregiones urbanas, cómo la de Jing-Jin-Ji, un entramado de ciudades interconectadas que abarca Pekín, Hebi y Tianjin, ocupará más de 1.350.000 kilómetros cuadrados y contendrá ciento treinta millones de personas.
Datos de ésta índole, junto con antecedentes, son los que encontramos en esta obra, y analizarlos sería menester, ya que cómo señala el autor, nuestro pasado como nuestro futuro están ligados, para bien y para mal, a la ciudad.
Por César Quintana