Edición Nº 1081 - Viernes 22 de mayo de 2026

Lula y la impunidad

Por Julio Aguiar Carrasco

La esencia del Fausto era su incapacidad para percibir sus limitaciones. La soberbia también es una limitante, pues nos aleja de la realidad. ¡Es muy posible que a Lula le hayan sucedido ambas cosas!

El aluvión de información dado por los medios masivos de comunicación, nos pueden llevar a limitar prácticamente todo el tema de la corrupción en el Brasil, a la detención de Lula.

No es así. ¡Veamos!. En 2005 comenzó el llamado Mensalao (gran mesada): se le daba dinero a legisladores para asegurarse sus votos. Para el 2013, 25 dirigentes del PT fueron procesados y detenidos, sumando entre todos, unos 250 años de cárcel.

El más conocido fue Dirceu, Jefe del Gabinete Civil de la Presidencia de la República; pero además amigo personal de Lula.

Este no cayó judicialmente pero quedó latente la pregunta, ¿cómo no iba a saber Lula lo que pasaba, si la órdenes supuestamente salían de la oficina que estaba a su lado?

La investigación a Petrobrás, la petrolera brasilera, sucedió entre 2004 y 2012.

En junio del 2015, el dueño de Odebrecht, una de las empresas constructoras más grandes del mundo, es detenido y condenado a 19 años y 4 meses de prisión. Sobornos por 2.400 millones de euros. ¡La investigación comenzó en junio de 2014!

77 Ejecutivos de la empresa declararon en lo que se llamó Confesión del fin del mundo (posiblemente haciendo alusión a un hecho histórico, sucedido en el noreste del Brasil, en Canudos, cuando se declaró la República a fines del siglo XIX. Vargas Llosa escribió un excelente libro sobre el hecho, que se llama, justamente, ¨La guerra del fin del mundo”).

Lula, Dilma, 6 ministros del actual gobierno, Aecio Neves, José Serra (estos últimos del PSDB y ambos candidatos a la presidencia), los Presidentes del Senado y Diputados, etc.: la lista es interminable. No hay partido político que se salve: el tesorero del PT, partido de Lula, fue procesado y enviado a 15 años de prisión, por 44 delitos de lavado.

En la mayoría de los casos, los motivos de los procesamientos fueron el lavado de dinero, el peculado y la coima. El 6 de mayo del 2017, la Corte Suprema solicita la apertura de diligencias contra políticos del PT, PMDB y PSDB, los tres mayores partidos políticos del Brasil.

Hasta la propia Dilma, durante su presidencia, expulsó a seis ministros por actos de corrupción.

Se calcula que ella le hace perder al Brasil cada año, el 5% del PBI.

Por supuesto que esta presentación no lo abarca todo, pero me parece suficiente para dar la idea de la dimensión que tiene la corrupción en el Brasil. Y sirve para darse cuenta que lo de Lula no es un hecho aislado ni una “persecución política”, porque todo su entorno tenía conocimiento de los hechos. ¡Qué casualidad que Lula no supiera nada!

La historia del Brasil es peculiar: logra su independencia vía Imperio y no República, como nosotros. No tiene un héroe nacional Jefe y caudillo: Tiradentes fue muerto solo por hablar a favor de la República. La territorialidad en que fue dividido el Brasil colonial y las visiones autoritarias que se impusieron hasta 1946, son una herencia lusitana.

De esta manera, la corrupción debe ser analizada (nunca justificada) como una herramienta de construcción de poder político: ¡está institucionalizada, forma parte del sistema hace mucho tiempo!

Un conocido periodista brasilero, describe el tema magistralmente: “la corrupción forma parte de nuestro sistema de poder así como el arroz y el frijol de nuestras comidas”.

Creo que hoy el Brasil vive un punto de inflexión: existe una crisis entre élites. Ya no solo entre la política y la económica, sino también la judicial que irrumpe en estas tres últimas décadas y obliga a aquellas a reconfigurarse.

Por supuesto que nuestra izquierda no va a aceptar estos razonamientos. El PIT-NT reacciona como las cinco etapas que se deben atravesar en un duelo. La primera es la negación, a todo precio, sin razonar; luego el enojo (o hacerse el enojado). Allí quedamos, con el relato armado, que sirve para todos los casos que le interesan.

Lula debe pagar por lo que hizo. El más que ninguno. ¡Él era el que más debía dar el ejemplo ético y moral!



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