Los silencios que hablan
Por Luis Hierro López
El silencio del gobierno y del Frente Amplio respecto a las matanzas en Nicaragua habla muy mal de quienes no se animan a denunciar los atropellos.
Una nota del periodista Sergio Israel en Búsqueda dando cuenta de la omisión del gobierno y de los órganos representativos del Frente Amplio, es suficientemente elocuente.
Los párrafos principales de ese comentario, que vale resumir, establecen irrefutablemente: “Camionetas Toyota Hilux con vidrios polarizados en las que van paramilitares, recorren las ciudades sembrando el terror y matando gente. El sandinismo en Nicaragua, un movimiento revolucionario con el cual se identificaron e incluso lucharon con las armas en la mano muchos uruguayos y latinoamericanos, ha devenido en un régimen familiar que aplica el terrorismo de Estado y emplea francotiradores y escuadrones de la muerte”.
“Esta semana, después de que creciera la espiral de violencia, cuando una familia fue quemada en su casa y lo mismo ocurriera en la calle con un militante progobierno, el exministro de Cultura de Nicaragua, Ernesto Cardenal, pidió en una carta al senador tupamaro José Mujica que sume su voz para frenar “una verdadera crisis de derechos humanos y terrorismo de Estado” en su país”.
“Cardenal reclamó a Mujica que los líderes del gobierno de Nicaragua “no pueden seguir encontrando legitimidad en los movimientos de izquierda a los que con sus actos sin escrúpulos han traicionado” y concluyó que “los héroes y mártires de la revolución sandinista no merecen que su memoria sea manchada por los actos genocidas de un dictador que los traicionó”.
Israel indicó también que algunos sectores han condenado los hechos –el partido Socialista, el grupo de Michelini– pero que los órganos frenteamplistas guardan silencio, en contra de los ocurrido con las otras colectividades, ya que los partidos Independiente, Colorado y Nacional han expresado su profundo rechazo.
También se recuerda en la nota de Búsqueda que el escritor uruguayo Fernando Butazzoni, quien en 1979 peleó a favor de los sandinistas, sostuvo en el programa radial de Emiliano Cotelo, que Nicaragua vive una situación de “terror estatal, con cientos de muertos y heridos y decenas de desaparecidos”. Por su parte, el profesor socialista Fernando López D’Alessandro escribió hace poco que “callar es ser cómplice, y la complicidad nos transforma, también, en criminales. Nosotros no somos eso ni queremos esas compañías, pues Ortega y su régimen hace mucho, mucho tiempo que dejaron de ser nuestros aliados y nuestros compañeros”.
Pese a esas dramáticas voces de alerta, la mayoría frenteamplista y en consecuencia el gobierno, siguen callados, en acuerdo con las directivas del Foro de San Pablo. Así ocurrió hace décadas con las dictaduras soviéticas y así sucede más recientemente con las dictaduras de Cuba y de Venezuela.
Las expresiones solitarias, muy dignas, no son capaces por ahora de volcar la historia: en términos oficiales, el Frente Amplio sigue apoyando dictaduras corruptas –las maniobras del clan Ortega son vergonzosas– y sangrientas, que atentan en forma criminal contra los derechos humanos.
Ya no hay pretextos posibles. Las denuncias aquí relatadas son insospechables, incluso para los frenteamplistas más recalcitrantes. El silencio colectivo sólo es posible tras una profunda decadencia moral. Como dice López D’Alesandro, la omisión únicamente se explica por una complicidad criminal que quedará registrada en la historia de la indignidad.
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