Los narcos aprontándose
Por Julio María Sanguinetti
Días pasados, el diario “El País” publicó una nota que, bajo el título en primera página de “Narcos acopian marihuana; más empresas alistan negocio legal”, informó qué está ocurriendo en la materia. En síntesis, hasta el momento (solo 9 meses) se han incautado 2.041 toneladas de marihuana proveniente de Paraguay, que ya es más que lo incautado en el pico anual mayor, en el año 2011 (l.930 toneladas). Estimándose que lo incautado es más o menos el 10% de lo comercializado, se está ante un aumento preocupante de la introducción de la droga.
Mientras tanto, el jolgorio marihuanero se ha desatado. Se han abierto tiendas para el cultivo donde se venden las macetas, la tierra adecuada, los fertilizantes e incubadoras necesarias. Ya se están organizando clubes para plantar y menudean las consultas a la autoridades, sea de esos clubes o de empresas (nacionales y extranjeras) que aspiran a producir para el Estado.
Aún no hay ley, pero ya la efervescencia es grande y naturalmente ha rebasado con largueza nuestras fronteras. Todo indica que aprobada la ley tendremos un importante turismo de consumidores, que difícilmente se detendrán en la marihuana, y pasarán a acceder también a otras drogas, como la cocaína, la heroína o aun la pasta base, que si es por aquí la droga de los más pobres, también lo es en los países cercanos.
El infierno tan temido, para citar a Onetti, se nos viene aproximando. Los narcos no van a dejarse desplazar fácilmente y darán batalla, sea con marihuana a buen precio como con la venta de todas las otras drogas no permitidas, que naturalmente seguirán en el mercado.
Mientras tanto, en sectores de la juventud se ha instalado el clima de permisividad. Con gran novelería se toma el tema como una expresión de la libertad y nadie sale a informar sobre los males de la marihuana, fehacientemente comprobados hoy por investigaciones de largo plazo, que luego de largas pesquisas han dado resultados y registran daños en la memoria, la atención y aun el coeficiente de inteligencia. A la inversa, la Fundación de Soros, el especulador financiero que no hace mucho habló con nuestro Presidente, financió aquí una campaña de televisión pro-marihuana que nadie contrarrestó.
¿No es este el momento, antes de que se apruebe la ley, de informar fehacientemente a la población sobre los comprobados daños de la droga?
El Dr. Vázquez, que tuvo un resonante éxito con las medidas restrictivas del tabaco, ¿no dirá nada al respecto? Hoy, ya candidato, es notorio que está hablando más e influyendo de modo creciente en la vida del gobierno. ¿Por qué no propone, por lo menos, que se informe con claridad y verdad sobre los daños de la marihuana?
Ya nuestro gobierno ha resuelto que —como país— seremos un laboratorio de ensayo, un banco de pruebas sobre el tema. Como cobayos, estaremos bajo la mirada de la gente interesada en el mundo, mientras nuestra población —y quienes se le agreguen— vive el clima de la legalización.
La falacia de que “regular” no es liberalizar está en el borde de lo ridículo: ¿cómo se regula lo que está prohibido, lo que es ilegal? Es obvio que se regulará lo que ya está legalizado para el mercado. Del mismo modo que también es obvio que los narcotraficantes que hoy existen, seguirán allí y, con su experiencia, ya se preparan, con ventaja, para una competencia que no va a ser de guante blanco.
Nuestro Presidente ha dicho que si la experiencia no es buena y el consumo aumenta, como es de prever, siempre habrá la posibilidad de retroceder. ¿Y de los daños quien se hace cargo? ¿Qué hacemos con las nuevas adicciones aparecidas? ¿Es sensato anotarnos en la lista de los sometidos al experimento?
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