Los muertos de “segunda”...
El nuevo Comandante en Jefe del Ejército, Tte. Gral. Pedro Aguerre, resolvió que este año el recuerdo de los soldados asesinados el 18 de mayo estaría a cargo, oficialmente, del propio Comando, con orden a los oficiales en actividad de concurrir al acto uniformados. Se superaba así la costumbre de que estos recordatorios estuvieran solamente a cargo de las organizaciones de retirados militares; el propio Ejército, con toda razón, asumía la recordación de sus mártires.
De inmediato saltaron e PIT-CNT y algunas organizaciones de familiares de víctimas de la dictadura, reclamando. Lo consideraban “un retroceso”, con un razonamiento realmente monstruoso. Según el mismo, el Ejército no puede recordar a sus muertos, los asesinatos fueron solo los de la dictadura, el centenar de víctimas de los tupamaros y terroristas no tiene derecho ni siquiera a ser recordado.
Es tal la ceguera revanchista de estos grupos que ni siquiera advierten la dimensión inhumana de lo que están diciendo. No pueden aceptar el menor atisbo de memoria para los asesinatos tupamaros, cometidos entonces en nombre de derribar las instituciones democráticas para sustituirlas por un gobierno revolucionario como el de la orgullosa Cuba de la época. Es evidente que les molesta este recuerdo, que muestra la saña violenta que ellos trajeron a la pacífica sociedad uruguaya de los años sesenta.
El Ministro Fernández Huidobro reaccionó bien, justificando el acto, pero al poco rato el Presidente Mujica dio la contraorden: los oficiales no deben ir uniformados y es voluntaria la concurrencia.
Es lamentable el episodio. Por el propio Presidente, que en nada tiene convicciones firmes y va y viene como una ola marina. Por las Fuerzas Armadas, a las que no se reconoce ni el deber de su memoria. Por las instituciones democráticas, al seguir acuñando la tesis de que solo el Estado puede abusar y de que el secuestro, el asesinato o la tortura por grupos guerrilleros hay que silenciarlo, olvidarlo, enterrarlo. Lo ha dicho hace pocos días la Senadora Topolansky, cuando afirmó que no podía compararse la represión del Estado del levantamiento armado que ellos protagonizaron, igual —según su particular criterio— a las revoluciones que a lo largo del siglo XIX pautaron la imperfección de una democracia que recién se estaba asentando.
Como se advierte, los métodos hoy son distintos, porque la pacífica realidad los ha impuesto, pero la retrógrada mentalidad guerrillera sigue vigente. Su sueño sigue siendo el mismo de un régimen a la cubana (o a la Chávez) donde el partido único maneja como un Gran Hermano a una sociedad manipulada.
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