Los dirigentes sindicales
Por Luis Hierro López
Es imprescindible que los sindicatos cuenten con dirigentes representativos que dejen de lado la política y los dogmas marxistas y abracen en serio la causa del trabajo y la productividad.
El discurso sindical tiene cansada a la enorme mayoría de los uruguayos, según mi impresión. La indigna adhesión a las dictaduras, la politización e ideologización de todas las propuestas, la defensa o justificación de la corrupción oficialista y la corrupción misma en sus filas, como ha ocurrido con el plan de vivienda sindical; han desacreditado casi finalmente a los dirigentes sindicales.
No hay transparencia ni representatividad en la forma en que los dirigentes son elegidos ni en la manera en que toman sus principales resoluciones. No hay voto secreto ni democracia, sino una oscura historia de componendas en las que los grupos políticos minoritarios en la elección nacional, como el Partido Comunista, siguen manteniendo una contradictoria e injustificada predominancia. La democracia del siglo XXI no puede aceptar ya que dirigentes tan importantes de la sociedad y del país, como son los líderes de la central obrera y de los principales sindicatos, se arroguen el derecho a auto designarse y a resolver en nombre de los trabajadores. Hay un autoritarismo grosero en los dirigentes pero también, y lamentablemente, hay una dejadez cívica que es necesario superar de los sindicados y de los trabajadores.
Además, las prácticas de la supuesta lucha son cada vez más reiteradas y abusivas: paros antes de los feriados, invocación de persecuciones sindicales inexistentes, trancazo a los técnicos de UPM para que no puedan revisar el estado técnico de las vías de Afe, medidas en el puerto que significan que las cargas paraguayas se retiren de Montevideo y vayan a Buenos Aires…Son enormes las listas de paros, huelgas y movilizaciones injustificadas que conspiran contra el que debería ser el motivo fundamental de los sindicatos, mantener y aumentar los puestos de trabajo y los valores de los salarios.
Los dirigentes sindicales no hablan de productividad, de tecnología, de las innovaciones que nos ofrece un mundo cada vez más desafiante. Se aferran a un mundo del pasado, que les protege y les asegura sus privilegios. Pero eso no es defender el trabajo y a los trabajadores, sino sus propios intereses de cúpula.
Con este panorama, el país no crece y mucho menos lo hará si ante cualquier propuesta de reforma o modernización en el plano de las relaciones y de la justicia laboral, los dirigentes sindicales reaccionan con espíritu fascista, es decir, insultando y mintiendo. Richard Read es una excepción. El futuro requiere más cabezas como la suya y una reacción constructiva de los trabajadores, es decir, de los profesores sometidos a las pequeñeces de la Fenapes o los obreros que aguantan los engaños comunistas de Marcelo Abdala.
El Uruguay del porvenir requiere imprescindiblemente un cambio en esta materia, para contar con sindicatos modernos cuyos dirigentes abandonen los discursos de clase y de enfrentamiento para asumir los temas verdaderos del trabajo y la producción.
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