Edición Nº 1076 - Viernes 10 de abril de 2026

Los debates políticos

Por Julio Aguiar Carrasco

Hay que legislar para regular las reglas mínimas de los debates políticos

¿Los debates políticos son falsos mitos desde los primeros que enfrentaron a John Kennedy y Richard Nixon en 1960?

Creo que no. Por el contrario, aquel episodio cambió el rumbo de la política, dando inicio a la era de la telegenia.

En la “caja tonta” como lo definen algunos, acababa de surgir la política de la visibilidad y nacía el tema de la imagen de la personalización.

Se integró la política a la sociedad del espectáculo, que luego se profundiza y perfecciona con la evolución técnica de los medios-

Aquel primer debate de Kennedy, incorporó a la política la imagen, la voz, la ropa, la actitud física, etc., a cualquier campaña electoral.

Esto se agudizó cuando la televisión incorporó el color; y hoy llega a límites inimaginables por el Internet. Ellos son los grandes foros públicos: son la cancha en donde se dilucidan buena parte de las batallas políticas.

Los políticos han pasado a ser también “actores” y las nuevas formas de comunicación pasan a ocupar un papel cada vez más importante en cualquier candidatura.

 ¿Debemos concluir, entonces, que el debate es decisivo en una elección?. No, no tiene porqué.

En 1993, Felipe González y Aznar debatieron en España. Existió el consenso de que Aznar había estado mejor: sin embargo, igual perdió la elección.

Hay tantos condicionamientos hoy por parte de los candidatos para realizar un debate, que plantean la duda si el debe o no ocurrir.

Yo creo que sí. Hay que legislar para que los debates sean obligatorios: hay que comenzar por modificar el formato.

En los Estados Unidos, los debates son regulados por un Comité de Debates Presidenciales, privado, neutral y no comercial. Allí comienzan en las primarias de cada partido, que configuran debates con diez o doce candidatos.

Me parece demasiado. En España los debates son obligatorios, pero están acotados.

Doy estos ejemplos porque me parece claro que en nuestro país hay que perfeccionar y simplificar el sistema. Como decía más arriba, hay que modificar el formato: más gente participando, posibilidad de que el candidato pueda retrucar, el coordinador debe tener un papel más relevante (por ejemplo, hacer sus propias preguntas) y no limitar las posibilidades de los candidatos.

El lector dirá, ¿más política? Este es otro debate, el de racionalizar las etapas electorales, para que no sean tan extensas, costosas y agotadoras.

Pero si se adecuan los debates, el pueblo tendrá un conocimiento más profundo y variado de sus candidatos. No comprimidos por “la imagen” de los medios sino por su personalidad y conocimientos. ¡Es mucho!



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