Lito te canta la justa

Por Fátima Barrutta

Gobernar en tiempos de paz y prosperidad es relativamente fácil.

También es cierto que un mal gobernante puede arruinar ambas condiciones previas, y ejemplos de esto sobran en el mundo. Pero en tanto se mueva con criterios racionales, tiene todo para ganar, en resultados y prestigio.

Otra realidad muy distinta es asumir responsabilidades de gobierno en tiempos tormentosos. Vaya si sabemos de esto los batllistas, con líderes inolvidables como Jorge Batlle y Alejandro Atchugarry, que capearon el temporal de la peor crisis económica en la historia del país y lo reencauzaron en la senda del crecimiento.

Uno de los protagonistas de la salida de la crisis del 2002 es el mismo que hoy está sacando al país de la crisis de la pandemia: el director de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto, nuestro correligionario Isaac "Lito" Alfie.

Leer la entrevista que le hizo El País el fin de semana pasado, es volver a aquilatar su estatura intelectual y ética, después de 15 años de conductores de la economía que edulcoraban la realidad con nombres de fantasía, cambiando "ajuste fiscal" por "consolidación fiscal" y justificando siempre su irresponsable adicción al gasto con que habría "espacio fiscal" para cubrirlo.

Lito dice las cosas como son, "canta la justa" al decir de nuestro querido presidente Batlle, que hoy vive en nosotros más que nunca.

A un cronista de El País que trató de importunarlo con preguntas aparentemente molestas, le explicó con total claridad que, lo que propone en la Ley de Presupuesto no es "recorte", sino eliminación de excesos, esos gastos superfluos con que el Frente Amplio duplicaba o triplicaba servicios, haciendo compras que terminaban pudriéndose en oscuros depósitos o enriqueciendo a misteriosas oenegés que al final daban quiebra, por irregulares manejos internos.

Ese uso discrecional de los recursos públicos, con Alfie al frente de la OPP, llegó a su fin. Ahora los ciudadanos sabremos en qué se gasta cada peso y a quién llega de verdad, ya que como bien lo explica la Ministra de Economía Azucena Arbeleche, este presupuesto no está enfocado en asignar recursos a organismos sino en que esos recursos lleguen eficientemente a quien tienen que llegar: al ciudadano que necesita el amparo del Estado, a través de servicios de educación, salud, seguridad, cultura y vivienda, entre otros.

Cuando uno se enferma, tiene que hacer caso al médico: la solución no es negar la enfermedad y seguir haciendo mal las cosas, como si nada. Lo mismo vale para la economía de un país. Absurdamente, algunos dirigentes de primera línea del Frente Amplio salen a los medios a pontificar contra la supuesta pérdida salarial. Sería gracioso si no fuera tan dañino, prestar atención a lo que dice el senador emepepista Alejandro Sánchez: critica la necesaria contención del gasto argumentando que retraerá el consumo, como si los recursos necesarios para seguir gastando crecieran de los árboles y no salieran de donde realmente salen, de los bolsillos del contribuyente. Lito lo expresa mejor que nosotros: "Si tenemos programas cuya lógica es más dinero y poner más dinero, y los resultados son los mismos, eso es dilapidar el dinero de la gente. El dinero viene siempre de los contribuyentes, no nace de un repollo, es dinero que se le quita a la población. Cada peso que uno no gasta acá, es dinero que le queda a la población".

En la Disneylandia frenteamplista, suponen que las empresas privadas son una cantera inagotable de la que extraer dinero para seguir repartiendo, sin entender que más del 90% de estas son micro, pequeñas y medianas, que no soportan más extracciones del Estado y que si este siguiera expoliándolas, eso se vería inmediatamente reflejado en más pérdida de empleo, por más cierres y achicamientos. No hace falta ser economista para darse cuenta; alcanza con manejar de una manera más o menos cuidadosa los ingresos y egresos de la propia familia.

Lito Alfie lo explica en términos económicos con la claridad que lo caracteriza:

"Querer sostener determinados niveles de ingresos salariales a contramano de lo que son los fundamentos de la economía, hizo que las horas totales trabajadas cayeran 7,5% entre 2014 y 2019. La masa salarial del sector privado cae, por más que la estadística diga que el salario real haya crecido. Quisieron mantener un salario y lo castigaron con empleo. Llegamos a que el nivel de desempleo al asumir este gobierno era 10,5%. Entonces, al sector privado lo achicamos, los empleados privados ganan menos en total, el sector público gasta más, los empleados ganan más y toman deuda para sostener un nivel. Eso se vuelve insostenible".

Si por un lado, la sinceridad de Alfie merece un aplauso, también muestra por contraste la impunidad con que nos han engañado en los últimos años, enarbolando una supuesta sensibilidad social que, en los hechos, logró objetivos contradictorios con los que decía perseguir.

La excelente foto de Leonardo Mainé que ilustra la entrevista de El País lo dice todo: un Alfie reflexivo y, a su lado, una pequeña escultura de un tigre cuidándole la espalda. Menos mal que los uruguayos volvemos a tener, en tiempos difíciles, a este tigre que protege nuestra economía y abrirá nuevos caminos de prosperidad.




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