Levantemos nuestras copas por un país productivo

Por Tomás Laguna

Nuevo año, tiempos de esperanza en el país productivo que se nos viene negando.

Hace 15 años, finalizando el 2004, la agropecuaria asistía al resurgimiento de los mercados para nuestros productos de exportación. Por entonces aún pesaba sobre nuestra ganadería el trágico contratiempo de la aftosa ocurrido en el 2001. Igualmente dramática fue la crisis por insolvencia financiera acaecida un año más tarde, la cual arrastró a la banca provocando el colapso de la economía del país. Las 10 plagas de Egipto se concentraron en estas dos calamidades, ambas por contagio y de similar magnitud en conjunto que aquellas bíblicas. Fueron tiempos contradictorios en sentimientos, parecía que la tormenta escampaba y se volvía a ver los primeros rayos de sol. No obstante el daño en la matriz social y productiva estaba hecho. Resultó imposible enfrentar el descontento popular y fue entonces que el conglomerado de izquierda triunfó inobjetablemente en las elecciones del año 2004. Un año más y la historia tal vez habría sido otra...

Aquella bonanza, cuyo inicio se puede identificar a partir del 2003/2004, tuvo más de una explicación. A la mayor demanda mundial por alimentos se sumó el propio sector financiero global a través de los fondos de cobertura, incorporando la intervención de especuladores que procuraban un negocio meramente financiero en compras y ventas de corto y largo plazo. Este factor fue el mismo que luego aceleró la caída de los precios al invertirse el orden de quienes procuraban salir de sus posiciones con ventas de corto plazo. Hemos dicho desde estas mismas páginas que la especulación financiera se comporta como un maximizador de la ecuación de oferta y demanda de los productos primarios, potenciando el real efecto de cada uno de sus componentes según las circunstancias. 

Hoy, aquel viento de cola se trasformó en una brisa. Los precios no pueden considerarse de ruina, pero el creciente costo país hizo lo suyo con impacto diferencial según los rubros. El agro uruguayo, que supo responder a los estímulos de los precios con una  importante transformación en la estructura empresarial y en la modalidad del agro-negocio, en particular en la agricultura, hoy acusa en forma creciente la falta de competitividad. Hemos dicho varias veces desde estas páginas que pretender ser competitivos a partir de los precios en los mercados internacionales es un facilismo suicida. Y en ese facilismo, con actitud necia, quedó adormecido el gobierno. No en vano fue el interior quién le dio los votos a la oposición para triunfar en las elecciones por sobre el poder hegemónico de una izquierda populista y siempre urbana.

Así llegamos a este fin de año. Con el entusiasmo de que nuevos vientos soplarán, tal vez no de cola pero si para transformar las condiciones productivas de nuestro país.
El desafío y el peso de la responsabilidad recaen en los hombres del futuro gobierno. No se trata de refundar la institucionalidad del agro, tampoco de promover la productividad por la productividad misma. No se trata de refundar INAC, el INC, el INALE o el INIA. Tampoco llegar a los 3 millones de terneros como objetivo de gobierno. Lo primero es una real forma de perder el tiempo sin incidir en las urgencias del agro. Lo segundo es no entender que los costos marginales por aumento de la productividad, no importa el rubro, deben justificarse por el aumento de los ingresos marginales en igual o mayor magnitud. Los productores no son tontos, saben cuándo el riesgo de invertir para producir más se justifica en la expectativo por los ingresos esperados.

El desafío es lograr las condiciones macro económicas con incidencia en el descenso del costo país que alienten a invertir. El desafío es mejorar la inserción internacional para una mejor colocación de nuestra producción. El productor resolverá luego si los tres millones de terneros los obtendrá aumentando la producción por vaca o con más vacas entoradas. El razonamiento es el mismo para la productividad en el tambo, ¿más litro por vaca o más vacas en ordeñe? ¿Continuaremos con los sistemas en base a granos o iremos a una lechería más pastoril? No será desde la calle Constituyente que se lo indiquen al productor, no se puede alentar el despegue del agro promoviendo la productividad como si factores claves como los costos y los ingresos no influyeran en la decisión del sistema de producción.

Como sea, en tanto el clima acompañe y el verano no sea seco, todos los productores, aún aquellos más afectados en su competitividad caso de los lecheros y arroceros, todos sin duda levantaran su copa a fin de año con la firme esperanza de que finalmente sea realidad aquella máxima del país productivo. Es de esperar que los distintos actores desde el próximo Poder Ejecutivo no desentonen en sus responsabilidades. Es de esperar que las políticas sectoriales sean asumidas desde la responsabilidad de un Secretario de Estado. Los tiempos del gremialismo ya no tienen lugar.



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