Edición Nº 1072 - Viernes 13 de marzo de 2026

Las políticas sociales

Por Luis Hierro López

No hay que recortar ni derogar las políticas sociales. Pero hay que reformarlas para que sirvan realmente a la formación de los más desposeídos.

La discusión a propósito de la rebaja del gasto público ha llevado a algunos portavoces del Frente Amplio a sostener que “la derecha” quiere impedir el proceso de supuestos avances y reformas y particularmente, restringir o derogar lisa y llanamente las políticas sociales.

La acusación no involucra al Partido Colorado, creador y sostenedor de las políticas sociales a lo largo del tiempo. Esa fue la prédica y la acción de José Batlle y Ordóñez, de Domingo Arena y de tantos otros héroes cívicos de principios del siglo XX; esa fue la orientación del Batllismo al recuperarse la democracia en 1942, con las leyes de asignaciones familiares y de consejos de salarios entre otras. Esa fue la política de Luis Batlle a mediados de siglo y fue también ese signo el que marcó la orientación de los gobiernos colorados de finales de siglo. El 1985, el gobierno de Sanguinetti propuso también un plan de emergencia, para transferir recursos y diversos amparos a cientos de miles de personas integrantes de los grupos sociales más rezagados. En 2002, en plena crisis, el gobierno de Jorge Batlle redobló las partidas del instituto de alimentación y posteriormente aumentó el monto de las asignaciones familiares.

Quiere decir que el Partido Colorado está entrañablemente vinculado a los programas sociales de asistencia, pese a lo que, además de ello, siempre impulsó reformas en la Enseñanza para que ésta tuviera en cada época la más amplia cobertura, garantizando la mayor integración posible de niños y jóvenes a una mejor formación moral e intelectual.

Por estos antecedentes creemos equivocadas las orientaciones de los gobiernos frenteamplistas en esta materia, ya que el asistencialismo puro y simple no resolverá –como los hechos lo van demostrando– las situaciones de pobreza y de marginalidad, caracterizadas por cuestiones culturales de fondo y no sólo por la entidad del ingreso. El gobierno cree que algunas personas dejarán automáticamente de ser pobres porque al recibir ayudas económicas varía su posición en la encuesta de hogares, pero la pobreza y la marginalidad subsisten porque esos jóvenes y sus familias no acceden a la Enseñanza y no hay vinculaciones sustitutivas de la desintegración familiar. Cientos de miles de uruguayos ganan hoy, en dinero, algo más que hace unos años, pero siguen viviendo en la mismas o peores condiciones sociales y culturales. Sus proyectos y destinos deben ser más angostos o más crueles que en el pasado.

El Mides, el Ministerio creado para atender estos asuntos, tiene hoy 64 programas para desarrollar entre los beneficiarios, que son miles. También son muchos los empleados del Ministerio: hace unos meses eran 384 funcionarios permanentes, más 692 contratados como empresas unipersonales y 908 como representantes de organizaciones sociales diversas. El presupuesto del Ministerio ronda los U$S 300 millones anuales. Estimamos que para semejante despliegue burocrático, los resultados no son alentadores: han crecido los asentamientos, hay más gente que antes durmiendo en las calles, las zonas rojas han aumentado y es indudable su vinculación con el delito; la deserción estudiantil es creciente y la proporción de jóvenes “ni-ni” es altísima; y no hay duda de que crecen la drogadicción y el narcotráfico. Falta un análisis objetivo que nos ilustre sobre los resultados de cada uno de esos programas, pero una primera lectura nos lleva a concluir que el Mides no ha logrado cambiar la realidad.

Ocurre que el asunto es mucho más de fondo que el de la mera gestión de un Ministerio: el Frente Amplio promueve, por su ideología socialista, la igualación para abajo, por lo que seguirá repartiendo limosnas en vez de promover los incentivos de la superación personal y de la responsabilidad de cada uno respecto a su propio destino como llave del porvenir de las personas. El socialismo es la puerta de la mediocridad así como la libertad es la puerta de la superación.

Eso no quiere decir que estemos proponiendo ni la derogación parcial ni la eliminación de los programas sociales. Hay que reformarlos profunda y conceptualmente para que sean instrumentos válidos para que sus beneficiarios accedan al trabajo y a más altos niveles de Enseñanza. No nos dejemos llevar por la extendida impresión popular de que los beneficiarios del Mides son vagos sin destino. No es así. Para el Batllismo son seres humanos como cualesquiera otros y merecen respeto y apoyo, pero en el marco de una sociedad que promueva otros valores para la formación integral de las personas.



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