Las mentiras de Bonomi
Por Luis Hierro López
Con la vigencia del nuevo Código del Proceso Penal, los delitos son también cuantificados por la Fiscalía, por lo que el Ministerio de Interior no tuvo más remedio que aceptar la realidad en materia de rapiñas, informando ahora que han subido rotundamente. Venían subiendo desde hace años, pero Bonomi esquivó los hechos estableciendo la mentira oficial.
A través de diversos medios, el Ministerio de Interior viene anunciando que, con los datos de julio que se conocerán en pocos días, se registrará un aumento de las rapiñas de aproximadamente un 57% respecto al primer semestre del año pasado. No hubo un comunicado oficial, sino diversas filtraciones, pero todas ellas preparando el terreno.
No es que las rapiñas hayan subido abruptamente, ni por la vigencia del nuevo Código (al que Bonomi responsabiliza), ni por arte de magia maligna. Seguramente en la medición real algo deben haber aumentado, como lo vienen haciendo desde hace años, pero no un 57%. Lo que ocurre es que ahora el Ministerio no puede manipular más las cifras en forma exclusiva, porque la nueva legislación del proceso penal, vigente precisamente desde noviembre pasado, establece que la Fiscalía General de la Nación también debe llevar un registro de la cantidad de delitos. Ante la evidencia de que las cifras auténticas iban a ser divulgadas por otra vía oficial, el Ministerio optó por “actualizar” las suyas, aceptando ahora el número real.
El Ministerio de Interior hace tiempo que viene maquillando los datos de las rapiñas, ya que no puede trastocar las cifras de los asesinatos y los hurtos son considerados delitos menores. Lo primero que hizo, precisamente, fue obligar a las comisarías y a otras dependencias policiales a que en los partes respectivos contabilizaran las rapiñas –robos con violencia– como hurtos, para quitarle impacto a ese proceso, que significó que desde 2005 las rapiñas crecieran de 7000 por año a más de 20.000.
En 2011, Bonomi destituyó al director del Observatorio sobre Violencia y Criminalidad del Ministerio, Rafael Paternain, tras haber mantenido con ese funcionario una serie de discrepancias sobre la medición, precisamente, de las rapiñas. Paternain es frenteamplista, hoy en día suplente de la senadora Constanza Moreira. Pese a esa filiación política, perdió el cargo desde el que aspiraba a consagrar criterios técnicos.
En 2015, Bonomi reconoció al semanario Búsqueda que los métodos de medición que usaba el Ministerio no tenían sustento científico, por lo que iba a hacer un acuerdo con la Universidad de la República y con la Corte de Justicia para mejorar los procedimientos. Nada de eso ocurrió.
Así fue que el Ministro empezó a manejar, en sus permanentes apariciones públicas, la versión de que las rapiñas venían bajando, seguramente para intentar demostrar que se cumpliría la promesa electoral de Tabaré Vázquez en el sentido de que habría una reducción del 30% de ese tipo de delitos. Bonomi, siempre dispuesto a entreverar las cartas, empezó a hablar primero de trimestres en vez de semestres y luego llegó incluso a utilizar los meses como período de medición, manejando porcentajes caprichosos, siempre a la baja.
La insistencia con la mentira tuvo su pequeño auge, porque hasta los periodistas independientes fueron contagiados por la prédica oficial y empezaron a repetir la consigna de que “las rapiñas vienen bajando”. Mantuve con algunos de ellos discusiones, en conversaciones privadas y públicas, indicándoles que estaban siendo engañados por la propaganda del Ministro. Los hechos ahora son irrebatibles.
El asunto es muy grave, porque involucra a todo el gobierno. No se trata sólo de un funcionario irresponsable y mentiroso, sino de un gobierno que sistemáticamente asume una mentira y procura imponerla a la fuerza. No es casual ni extraño que Bonomi y su banda trampeen la verdad, base de la democracia.
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