Edición Nº 1102 - Viernes 16 de octubre de 2026

Las columnas del relato

La eficacia del Frente Amplio y de sus compañeros de ruta para instalar temas, ya sea criticando o sencillamente mintiendo, no deja de asombrar. Sin duda es el resultado de un conjunto de variables y de un trabajo organizado y consistente que se logra después de décadas. No se trata de algo circunstancial. Han logrado que casi toda la comunicación que circula en nuestro país gire en torno a lo que ellos opinan, dicen, hacen o sostienen.

A esta altura es evidente que la comunicación predominante de nuestra sociedad tiene "eje" en la dialéctica que la "autodefinida" izquierda nos va imponiendo. Y la llamamos así para que se entienda, a pesar de lo caduco de la "etiqueta". La palabra grupo murió aplastada por colectivo, partido por fuerza política, político por luchador social, grupos de presión o interés por organización social, guerra por terrorismo... Y, así las cosas, hablamos y nos comunicamos con sus palabras, en su territorio, permitiéndoles ganar la primera batalla. Muchos sustantivos se transforman en adjetivos y el "lenguaje inclusivo", en su cuestionamiento del statu quo idiomático, da lugar a avanzar un paso a más.

El marxismo subliminal y el populismo necesitan de chivos expiatorios como cualquier teoría del conflicto, de realidades binarias que si no existen per se hay que crearlas. Por ello, todo el relato de nuestra mal llamada izquierda va hacia la escenografía de las categorías bipolares: buenos y malos; honestos y corruptos; oligarcas y proletarios; obreros y empresarios; izquierda y derecha; nuevo y viejo; explotadores y explotados, en breve, el combustible necesario para la explosión de la hoguera.

Y entonces le llega el turno a la justificación del por qué y en ese terreno no hay cosa más efectiva que la moral. Poner todo en términos de "bien y mal" nos lleva al "buenos" y "malos". Si estás del lado correcto estás del lado de la moral. En nuestras sociedades latinas, de civilización cristiana, el juicio de valor, la explicación por categorías, los mundos cerrados y perfectos y las utopías, son tierra fértil. La construcción de un relato se hizo como la de un credo y cuando cayó el muro. se cambiaron las palabras, los ropajes y algún actor, pero el libreto siguió siendo el mismo.

Parecería que el muro no cayó en Latinoamérica, sino que mutó. En nuestra región, lograron sobrevivir -a pesar de la derrota militar de las guerrillas de la última mitad de siglo XX- tomando los sistemas educativos y por ello no es casualidad la resistencia al cambio en esos sectores. Primero, la formación de profesores y maestros, luego, la distribución del mensaje. Por ello, nos han traído y nos siguen trayendo estas generaciones educadas en sistemas públicos de bajo nivel, altamente ideologizados y muy permeables a los mensajes del relato. Para que se entienda: estos profesores educaron a nuestros hijos y están educando nuestros nietos. Las generalizaciones no son buenas, pero en la educación pública esto es insoslayable.

En resumen y sin ánimo pesimista, podríamos decir que hablamos como ellos quieren, de lo que ellos quieren, como ellos quieren y tienen la tribuna a favor porque la educaron para mirar el mundo como ellos quieren, con los valores que ellos quieren. Por eso, la eficacia en la transmisión de la mentira y como muestra solo volvamos a recordar la campaña del referéndum sobre la LUC. Tiempos difíciles sin duda para la libertad.




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