La sociedad y la vida, en dos.
Por Francisco Berchesi
Pasadas las elecciones, se habla asiduamente acerca de una sociedad dividida en dos mitades casi exactas, “partida al medio”. Intentaré, por lo tanto, demostrar mis motivos de discordia con dicha afirmación.
En un primer aspecto, quizás el más amplio, nuestra sociedad no se encuentra fracturada por sus propias características. Estas son nuestras cualidades democráticas que llevamos impregnadas desde la raíz. El patriotismo que nos une en ese sentir común, reflejado al entonar el himno nacional o incluso al ver partidos de nuestras selecciones nacionales.
No se encuentra dividida por cómo y lo que es Uruguay, nuestras tradiciones no permiten tal afirmación. Por el contrario, la encuentro aún más unida que años y meses atrás.
Aunque en peligro, debido a factores que explicaré más avanzado el artículo, lo que no permite tal división o fractura es nuestra libertad. Libertad de pensamiento que doblega toda corriente de división social.
El Dr. Leonardo Guzmán expresó: “La militancia por la libertad de pensamiento se hace pensando. Sintiendo, reflexionando y aprendiendo… pensando. Diciendo con nitidez lo que brota de adentro, lo que se siente, lo que se piensa, lo que se reflexiona. La libertad de pensamiento se concreta en algunas proclamas muy clásicas: negar la infalibilidad del papa, discrepar sin miedo a ir preso, poder publicar doctrinas contrarias a lo establecido, poder pararse en una esquina y decir ¡abajo el Presidente de la República! y que no le pase nada, eso es la libertad. Pero para que sea libertad de pensamiento, requiere que haya pensamiento.”
Continúa: “Y hoy la amenaza no es solo externa e institucional, no es el brazo en alto de un príncipe convertido en leviatán que viene a buscarnos porque dijimos o escribimos algo en contra de gobernar, no. Hoy la amenaza a la libertad está en la perdida de la capacidad de deliberación sistemática, que deriva de la caída de la educación, de la caída de los temas que se instalan en la vida pública, de la caída del énfasis que los medios le deben a la cultura, del avance de la industria del entretenimiento que simula una cultura.”
Por el libre pensar, valga la redundancia, cada uno es libre en su pensamiento, decisión y acción. Por lo que nuestra sociedad no se encuentra rígida y dividida. La sociedad fluctúa, y mientras haya quienes defiendan esta cualidad tan valiosa que preservamos, no deberemos preocuparnos por ver una sociedad enfrentada.
Afrontamos cinco años en los cuales dos actores tendrán que negociar, coincidir, pero más importante aún, disidir. Porque dichas diferencias tienen como consecuencia la creación, el parto de nuevos pensamientos, de nueva luz.
“Sócrates, que enseñó a razonar y que llamó mayéutica a su método, porque según la tradición su madre era partera. (...) Lo que hacía era el mismo trabajo que había visto en su madre, que era el trabajo de ayudar a que viera la luz algo que estaba escondido. Hacerlo mediante la colaboración de distintas fuerzas. De eso se trata cuando hablamos de libertad, del parto entre todos, de algunas nociones un poco mejores, que permitan que los opuestos se sinteticen.” Leonardo Guzmán.
Lo que intenta expresar el título que encabeza el artículo es que los opuestos existen y son necesarios, hasta esenciales en nuestro día a día. Son la dualidad básica en nuestra vida, y la sociedad no es ajena a ello.
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