Edición Nº 1097 - Viernes 11 de setiembre de 2026

La "revolución" no erradicó el racismo en Cuba

Pese a la "revolución", las diferencias raciales persistieron y se mantienen hasta hoy. Como suele suceder en los regímenes autoritarios, falazmente se dio por superado el asunto y el tema se volvió un tabú de Estado, asegura el periodista Abraham Jiménez Enoa en una columna para el The Washington Post que compartimos aquí.

Durante mi segundo año en la universidad, mi curso de Periodismo fue a visitar los estudios de la televisión cubana. Aproveché una distracción del grupo, entré en el set donde se graba el noticiero de deportes, me senté en una de las dos sillas y le pedí a un compañero de aula que me tomara una foto. "¿Te gusta el deporte?", me preguntó una periodista de allí que me vio escurrirme. Afirmé con la cabeza sin hablar. "Qué bien, porque estamos buscando negros", dijo. Era 2008: Raúl Castro heredaba de su hermano enfermo -Fidel Castro- la presidencia de Cuba. Diez años más tarde, Raúl diría en su discurso de despedida: "Ustedes ven que ya hay algunas compañeras y compañeros, poquitos todavía, negros como locutores, tanto de televisión como de la radio, ¿no ven que aparecen algunos ya? Eso no fue fácil, yo mismo di la instrucción concreta a los responsables de esos organismos".

135 años después de la abolición de la esclavitud en Cuba, las y los afrodescendientes no hemos dejado de padecer las desigualdades históricas acumuladas en este país. En 1959, Fidel Castro imaginó que con sus propuestas políticas de igualdad social erradicaría el racismo empotrado en la isla, pues supuso que el fenómeno solo era cuestión del capitalismo y sus diferencias de clases. El tiempo pasó y, si bien Cuba logró equiparar algunos índices sociales durante los primeros años del castrismo, las diferencias raciales persistieron y se mantienen hasta hoy. Como suele suceder en los regímenes autoritarios, falazmente se dio por superado el asunto y el tema se volvió un tabú de Estado.

Esas seis décadas en las que con bombos y platillos el gobierno cubano se vanaglorió de su "justicia social" y "la igualdad dentro de la sociedad", pero en las que realmente el racismo estaba latente y escondido bajo la alfombra del régimen, los afrodescendientes padecimos la conformación de una telaraña de normas y prácticas discriminatorias que se naturalizaron en el país en nuestro detrimento. Ese racismo estructural se generó a partir de la negación de la propia existencia del racismo por parte del Estado y la ausencia de políticas públicas para contrarrestarlo.

Que el régimen cubano no le prestase la debida atención a la discriminación racial en el país es también un acto racista. Por eso, desde hace unos años, el castrismo ha querido quitarse de encima ese cartel. Lo ha intentado con la mejor de sus estrategias históricas: tapar sus falencias con cifras.

Hoy, 40% de los 605 diputados en el parlamento son afrodescendientes, incluido su presidente. Y en el Consejo de Estado, la mayoría también lo son: 12 de 21 miembros. Pero esos números en esencia no significan nada, porque los cargos importantes del país los siguen ocupando las personas que históricamente han tenido el poder en la isla: los blancos. Y porque esa representación de afrodescendientes en el gobierno no significa que el racismo no exista en las calles.

Amén del porcentaje de personas negras y mestizas que integran el gobierno cubano, en la isla no se pueden encontrar muchas más cifras sobre afrodescendientes: otra alerta para darnos cuenta de cómo el régimen quiere trastocar la discriminación racial. Lo poco que está disponible confirma esas sospechas: el prontuario estadístico de la educación superior de 2019 revela que solo 12% de estudiantes de universidad son de piel negra.

En tanto, un centro de estudios alemán hace dos años logró hacer una encuesta en Cuba. Los resultados son sorprendentes: solo 11.5% de personas negras declaró tener una cuenta bancaria, 70% no se conecta a internet, 96.7% no viaja al extranjero y 71.5% no accede a remesas. Lo que evidencia que la mayoría de las y los afrodescendientes siguen perteneciendo al escalón más bajo de la sociedad cubana.

En los últimos años, el creciente auge de activistas afrodescendientes que luchan por sus derechos, hizo que seis décadas después -en noviembre 2019- el régimen se viera forzado a crear un programa contra el racismo y la discriminación racial del que aún no se tienen resultados palpables más allá de su existencia. Al menos ese reconocimiento por parte del gobierno es importante para las personas afrodescendientes. Pero con eso solo no bastará para despojar al racismo de Cuba. Es el propio gobierno, ya no por su tardía actitud sino por su comportamiento, el principal incitador a la discriminación racial.

No hay idea más falsa y racista que la que el régimen cubano intenta mitificar: "La revolución hizo personas a los negros". Un mantra con el que intenta subyugar a los afrodescendientes al colocarlos en un lugar de eterno agradecimiento y con el que ataca, a modo de chantaje, a quienes tienen la osadía de enfrentárseles, como lo han sufrido recientemente los artistas Daymé Arrocena y Yotuel Romero.

El racismo del régimen cubano quedó manifiesto en las protestas del 11 de julio: donde hubo ciudadanas y ciudadanos -muchos de ellos afrodescendientes- exigiendo sus derechos y libertades, el castrismo vio delincuentes. Solo quien no quiere perder sus privilegios criminaliza para ello a quienes padecen la desigualdad y la pobreza. Es la manera "revolucionaria" de perpetuarse en el poder.




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