La oportunidad para el cambio

La presentación electoral de Laura Raffo fue como un viento fresco que viene a renovar Montevideo. Con espontaneidad y cercanía, la candidata a gobernar la capital puso en juego sus dotes en la comunicación, dijo formar parte del cambio y aseguró que es posible transformar a la ciudad. Acompañada por sus respectivos suplentes, Raffo no prometió grandes planes, de esos que no se pueden cumplir, sino que anunció un programa práctico y posible. Casi no hizo referencia a sus contrincantes del Frente Amplio, dedicándose a afirmar sus propias convicciones y sueños, pero señaló que la coalición oficialista no tiene el monopolio de las políticas sociales y que no es posible que las oportunidades de vida de los montevideanos dependan del lugar donde han nacido.

Laura genera esperanzas.

El discurso fue breve y emotivo. La oradora no recurrió a la presentación tradicional: no había tribuna y -acostumbrada a las cámaras de televisión- Raffo se movió con comodidad en el estrado, hablando con convicción y simpatía. La audiencia, que colmó las instalaciones del Club Cordón, acompañó a la candidata con atención y cariño, pautando ráfagas de aplausos.

Laura personifica una serie inigualable de condiciones. Es mujer, representa a la coalición que ganó las elecciones nacionales, tiene experiencia empresarial y pone énfasis en la gestión, va a proponer metas accesibles -a la prensa le declaró que el tren de la costa es muy costoso y que podría haber otras inversiones de mayor prioridad- y le interesan más los planteos concretos que los ataques políticos. Mencionó al Frente Amplio sólo una vez, recordando que "no tiene el monopolio de las políticas sociales". Explicó que han crecido los asentamientos en Montevideo y que en muchas zonas no hay saneamiento ni agua potable, viviendo sus habitantes en medio de la suciedad y de la violencia.

Precisamente, aludió a la grieta profunda que divide a los vecinos del norte y del sur de Montevideo, al sostener que no es posible que las oportunidades vitales de los montevideanos dependan del barrio donde han nacido.

Asimismo, reclamó "cuentas claras", afirmando que no sabe si todos los números de la Intendencia se pueden justificar.

Pero más allá de esas menciones, la presentación de Raffo valió por su actitud: trasmitió convicción y promovió la esperanza de que es posible que la ansiedad de cambio que se expresó en octubre y en noviembre se extienda también a la ciudad. Tras 30 años de gestión frenteamplista, Montevideo sufre problemas muy graves. Los servicios de transporte son insuficientes y lentos; el tránsito está cada vez más sobrecargado; la basura siegue siendo una condena histórica y los barrios periféricos carecen de iluminación, limpieza y viviendas dignas.

Tres décadas después, los candidatos oficialistas nos ofrecen las mismas promesas que reiteran cada cinco años. Ahora pululan los trenes mágicos entre Montevideo y el Pinar; aparecen curiosas encuestas -encargadas por la propia Intendencia o por los interesados- que afirman que una mayoría de los montevideanos está conforme con la gestión del ingeniero Martínez y ¡vaya casualidad!, los resultados de esas investigaciones se divulgan precisamente el día del lanzamiento de la candidatura de Raffo. Ya sabemos que, en la reciente campaña nacional, Martínez gastó tres veces más que Lacalle Pou, por lo que en la elección municipal el Frente Amplio no va a quedarse atrás; va a inundarnos de propaganda y de mentiras. Pelea por su último bastión y sabe que está en peligro, porque, aunque la base electoral que el oficialismo en retirada mantiene en Montevideo es fuerte, también es válido pensar que la elección de mayo es otra instancia, distinta y compleja.

No se trata de un enfrentamiento entre el Frente Amplio y la coalición multicolor, sino de elegir cuál es la mejor opción para la capital. De un lado, las desgastadas ideas y dirigentes que desde hace tres décadas vienen subiendo los impuestos y rebajando la calidad de los servicios y que se dedican a Montevideo no para mejorarla, sino para usarla como base de su poder. Del otro, la alternativa de un cambio liderado por una mujer joven y competente que sólo promete dedicarse a la gestión cotidiana: limpiar la ciudad, mejorar el transporte, llevar iluminación y agua potable a todos lados y luchar contra la discriminación que sufren los nacidos en los barrios pobres.

La opción de los montevideanos para mayo es única y clara: continuismo o cambio.




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