Edición Nº 1070 - Viernes 27 de febrero de 2026

La miseria socialista

El Partido Socialista, hoy un grupúsculo radicalizado del Frente Amplio, intenta inventar un caso personal contra el Director de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto, economista Isaac Alfie, cuya capacidad técnica y honestidad personal no pueden estar -ni están- puestas en duda.

Resulta que hace más de dos años, bajo la administración anterior, Alfie hizo una inversión en la remodelación de su estudio y pidió la exoneración tributaria dispuesta en la ley. Ningún privilegio, ninguna excepción, simplemente lo que dispone la ley para todo el mundo. Lo que se concede sin debate, aunque con el correteo burocrático habitual.

Hete aquí que el tiempo pasa y se resuelve ahora. De paso, digamos que no estamos hablando de una UPM o algo parecido, sino una exoneración que podía no ir más allá de 250 a 300 mil pesos.

Se introduce entonces el intento de escándalo. Violación legal, ninguna. Falta de ética tampoco, porque no se atribuía ningún privilegio, no era una solicitud hecha hoy y, en cualquier caso, ni directa ni indirectamente tenía nada que ver con su actual función oficial. Armado el intento de escándalo y para evitar la explotación política, Alfie, en acuerdo con el Presidente de la República, desistió de su solicitud. Y sanseacabó. Ni ley violada, ni ética en cuestión.

Ahora le agregan su actuación en el juicio de nuestro país con la empresa Aratirí, en la cual Alfie había actuado como técnico. Hizo un informe con el relato de los sistemas de inversiones de nuestra legislación y no más que eso. Cuando se le llamó luego a ratificar el informe, ya nominado para su cargo, lo reiteró. No hablaba de montos de indemnización ni nada que pusiera en cuestión el interés nacional. El desleal y frustrado intento de hace un año, se trae de nuevo a colación para sumarlo a este episodio.

Todo esto mide la estatura moral del Partido Socialista, el que fundó Frugoni en 1910, continuó el Dr. José Pedro Cardozo más tarde y que, desde los años 60, cayó en la conducción de Vivián Trías, espía a sueldo de la Checoslovaquia comunista, como se ha probado últimamente. Ese partido, hoy conducido por dirigentes extraviados, políticamente radicalizados, no encuentra otro modo de subsistir que hacer esta pirotecnia de escándalo. Con ello, simplemente miden la miseria espiritual que le anima.




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