Edición Nº 1089 - Viernes 17 de julio de 2026

La ley de 8 horas

Por Leonardo Vinci

Hemos escrito anteriormente que los uruguayos estamos orgullosos de haber sido el primer país del mundo en aprobar una norma legal regulando el régimen horario laboral.

Batlle y Ordóñez empeñado en construir un pequeño país modelo, el 17 de noviembre de 1915 celebró la definitiva aprobación de las ocho horas.

La Ley Nº 5.350 también estableció que en ningún caso el tiempo laboral podría exceder las 48 horas por cada seis días semanales.

Expertos y técnicos consideran que esa norma marcó el inicio de una legislación laboral de avanzada.

Su importancia fue tal, que otros países tales como España, recién en 1919 adoptó las ocho horas al igual que Alemania, Italia y Francia.

El portal "Subrayado" divulgó oportunamente un interesante artículo donde puede leerse que el proyecto de 1915 "... se consideraba que derribaría a la economía, y que sobrevendría la crisis. También que se relajaría la moral y las costumbres de los trabajadores. Pero aun así, dos años antes de la revolución bolchevique, Uruguay aprobó la ley denominada Trabajo Obrero, que en su artículo 1º estableció que "el trabajo efectivo de los obreros de fábricas, talleres, astilleros, canteras, empresas de construcción de tierra o en los puertos (...) no durará más de ocho horas"."

González Conzi y Giudice cuentan que en su época, Batlle hubo de salir a la prensa a defender su proyecto de ley de ocho horas, Las campañas de su diario fueron memorables. Los prejuicios que era necesario vencer, continuaban siendo un obstáculo poderoso.

Los autores afirman en su obra "Batlle y el Batllismo" que el estadista se anticipa a los mismos favorecidos y antes de que éstos pidan algo, él les otorga bienes materiales o mejoras morales. Por eso, en esas circunstancias, los mismos obreros quedaron sorprendidos por el proyecto de Batlle.

La sanción de la ley de ocho horas luchó con obstáculos que parecían invencibles. Las clases conservadoras estaban contra esta ley. Eran múltiples los argumentos que diariamente se hacían en la prensa contra el gran proyecto justiciero.

Batlle, sin pausa ni reposo, durante varios años, presidente o simple ciudadano, defendió desde "El Día" el proyecto de ley de ocho horas, contestando de esta manera a los conservadores: "¿Perjudicial para quién? ¿Para los patrones? Lo reconocemos. Siempre ha sido el ideal de los explotadores de una industria o del comercio, apoderarse del máximun de las energías de sus asalariados. En este sentido, salvo los casos en que los propios obreros han impuesto un horario, el patrón dispone a su antojo del trabajo de cuantos le sirven."

Ha publicado acertadamente este portal que "una mención rápida permite recordar que la ley de 8 horas fue acompañada por otras garantías, como las normas sobre descanso de los obreros, la prevención de accidentes de trabajo, las pensiones a la vejez, los seguros colectivos, el funcionamiento de los acuerdos colectivos de trabajo y la distribución de las ganancias de las empresas entre los empleados. Quiere decir que la ley de 8 horas fue sólo una parte -generosa y elocuente- de la formidable modernización humanitaria, intelectual y social que impuso el Batllismo."




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