La lección de Europa

Europa, con sus problemas, es un espejo en el que los latinoamericanos, pero muy especialmente los uruguayos, deberíamos mirarnos.

Europa está en serios problemas. Éstos deben servir de reflexión a los latinoamericanos y muy especialmente a los rioplatenses, porque las bases de nuestra cultura, los valores de nuestra sociedad, están forjados con una muy fuerte influencia de España, de Francia, de Italia, de Inglaterra. No es despreciable, por cierto, la inspiración que la revolución estadounidense le dio a las instituciones artiguistas, pero fuera de ese aspecto, crecimos —para bien o para mal— mirando a Europa. México, los centroamericanos, han tenido otra relación con los EE.UU. y hasta choques violentos que están grabados en la imaginación colectiva.

La política europea es entonces un espejo en el cual mirarse, porque mucho nos parecemos,  y hay muchas circunstancias para pensar.

Si hablamos de los partidos políticos, nuestro país ha tenido dos fuertes partidos tradicionales, fundacionales de la República, que manejaron el Estado a lo largo de un siglo y medio. Luego apareció el Frente Amplio y consolidó a varias colectividades de diverso origen bajo el paraguas de un sentimiento de izquierda. Mal o bien, todo este sistema le ha dado estabilidad al país. Cuando se empieza a fragmentar esa realidad y aparecen, en las dos puntas, nuevas formaciones, sentimos que vamos cayendo en lo que le ha pasado a España, por ejemplo. Allí, entre “Podemos” a la izquierda y “Ciudadanos” hacia el centro, nos encontramos con que se quita gobernabilidad al país, como es bien notorio. Lo mismo podemos decir de Francia y de Alemania, que alternó históricamente entre los socialdemócratas y los democristianos y hoy enfrenta el riesgo de una nueva organización de extrema derecha, que amenaza el sistema. Está claro , entonces, que cuidar los grandes partidos es fundamental y preservarse de las novelerías, que aparecen como panaceas y terminan como tragedias.

Otro tema fundamental son los sistemas de seguridad social. El Estado de Bienestar europeo fue uno de los mayores éxitos del siglo XX. Desgraciadamente, ha costado mucho adaptarlo a los tiempos. Si la gente vive más y mejor, la jubilaciones no puede llegar a las mismas edades que hace cuarenta o cincuenta años. No se puede transformar en tragedia una bendición. A principios del siglo XIX, la expectativa de vida estaba entre 30 y 40 años de promedio mundial. Al comienzo del siglo XX entre 50 y 65. Hoy el promedio global es 71,5 y Europa tiene la mayor expectativa, con 78,4, con los grandes países desarrollados que han pasado de lejos los 80 años. Los sistemas jubilatorios, entonces, o se corrigen —como en Alemania— o tratan de mantener sus parámetros —como Grecia— y se funden. Nuestro país, felizmente, hizo un gran reforma en 1997, pero luego se ha toqueteado peligrosamente y requeriría más un moderado ajuste que la manga ancha que se propone habitualmente.

Un tema hoy al rojo vivo en Europa es la inmigración, pero más de ella en sí, el problema es una cierta inmigración de origen islámico que no acepta las reglas de los países donde va a vivir y pretende imponer sus hábitos. El hiyab, el pañuelo de las mujeres, es hoy tema de debate en todas partes. Símbolo de la subordinación femenina, es sin embargo reivindicado por mujeres que no aceptan los códigos de neutralidad religiosa que en términos generales se aplican en Europa. Estos días, el tribunal europeo ha apoyado la resolución de una empresa que no aceptó que una empleada usara el pañuelo, porque su política es la neutralidad política y religiosa y por igual impide que nadie se manifieste. En España, estos días, Pérez Reverte ha escrito un tremebundo artículo cuestionando a las alumnas de formación docente que están estudiando con el hiyab y que mañana tendrán que formar a los niños y adolescentes en los valores de Occidente que suponen la igualdad de hombres y mujeres, la tolerancia religiosa y la neutralidad del Estado. En nuestro país, el tema hoy es cuantitativamente pequeño, pero mañana puede no serlo y por eso es grave que las autoridades de enseñanza no hayan entendido que desde el principio hay que impedirlo en las aulas del Estado.

Los problemas de Europa parecen muy lejanos, pero no lo son tanto cuando vemos que el populismo, que parecía un fenómeno latinoamericano, está allí instalado. El Brexit británico es un cumplido ejemplo, como lo es —en el ámbito estadounidense— la victoria de Trump. No son países latinos y se les suponía más racionales y menos emocionales. Sin embargo, allí está —también— el mundo mágico que todo lo resuelve.

¿No da para pensar? Sobre todo pensar y prevenir...



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