La irrealidad urbanística

Por Julio María Sanguinetti

La Intendencia debería dedicarse a los problemas reales de la ciudad y no a proyectar fantasías que generarían más problemas de los que resolverían.

Montevideo es una ciudad magnífica, que tuvo en el pasado los grandes urbanistas que le dieron su carácter. Los franceses (Racine, Thays, André) en los parques y los uruguayos (Scasso, Baroffio) en las grandes vías de tránsito. Piénsese que el Bulevar Artigas, desde Rivera a la Rambla, es de 1916, cuando prácticamente no había automóviles, y se hace con esa magnífica doble vía separada por un enjardinado, decorado con piezas escultóricas; año en que también, allí en el cruce con el Bulevar Artigas, se unió la rambla de Pocitos con la de Punta Carreta.

Son apenas algunos ejemplos, aún plenamente vigentes, de lo que fue aquel comienzo del siglo XX en la concepción de una ciudad moderna, a la que había que “dar vuelta” y poner de cara al mar. Recordemos que desde antaño la costa era despreciada, al punto que en ella se habían construido dos cementerios, una cárcel y los mataderos en el hermoso espacio que hoy es el Club de Golf.

Decimos estas cosas a propósito de los proyectos que por estos días han dado lugar a tantos debates. Bueno es que haya inquietud y propuestas, pero la fantasía debe bajar a la tierra.

El proyecto de 18 de Julio intenta resolver un problema inexistente (la circulación de peatones por las aceras) y genera en cambio nuevos problemas: una circulación de ómnibus en fila india (no hay adelantamiento), que según la gente del transporte producirá toda clase de atracones; una saturación de las calles paralelas a 18 de Julio y una bicisenda en el medio, entre las hileras de ómnibus, que no responde a ninguna demanda y seguramente morirá, en solitario, afectada de un vacío aburrimiento.

El otro proyecto, el de un estacionamiento subterráneo en Villa Biarritz, ha producido un levantamiento del vecindario, que pretende preservar el carácter patrimonial del Parque Juan Zorrilla de San Martín y de todo su entorno. Impedir el estacionamiento en todo el barrio para contribuir a financiar el negocio del parking, donde se alojará, además, una especie de shopping, es desvirtuar todo. Generar una entrada y salida de automóviles concentrada en un punto, evidentemente cambia el sentido de la zona, que es eminentemente residencial y en la que el parque es el gran desahogo. El tema de estacionamiento debe solucionarse, como todos sabemos: a largo plazo, exigiendo que todo apartamento nuevo debe tener una cochera cada 60 o 70 metros cuadrados, aunque se diga que “no dan los números” (lo que es no es verdad, porque el terreno valdrá menos, simplemente); a más corto plazo, propiciando, como se ve en todo el mundo, algunos estacionamientos en altura, en lugares donde no molesten y con una arquitectura amable para el entorno. El tema da para mucho, pero a cuenta digamos que en ese proyecto hay más un problema que una solución.

Por encima de estas consideraciones, Montevideo tiene serios problemas, que empiezan en sus pavimentos. Esta semana salí de “Búsqueda” en la calle Mercedes y tuve una cuadra de sube y baja. Garibaldi hacia afuera de Bulevar Artigas es un desastre. Lo mismo Luis Alberto de Herrera. Y muchas otras vías, en el centro y sobre todo en los barrios, donde los conjuntos grandes de viviendas adolecen de entradas adecuadas. Estas deberían ser prioridades de la Intendencia, que están mucho antes que estas fantasías de poco resultado.

Si miramos hacia el largo plazo, Avenida Italia sigue siendo el gran desafío. Hubo proyectos privados para transformarla en una vía rápida, que sería fundamental. No sé si eran los mejores, pero parecían posibles. Ahí sí que hay un tema urbanístico importante para enfrentar un real problema de tránsito (basta observar la saturación de la rambla a las 6 de la tarde). Otro que acaba de aparecer es de la desafectación del enorme terreno frente a la Torre de Antel, que aparentemente se privatizará (no está mal) pero que sería notable que la Intendencia pusiera condiciones para que lo que se construya sea un aporte a la ciudad, tenga suficientes estacionamientos y no caiga en la habitual aglomeración de edificios en que la gente, de una ventana a la otra, casi se pueden dar la mano...



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