La invención de la víctima
Por Luis Hierro López
Aunque la autopsia demostró que el joven argentino Santiago Maldonado se murió ahogado y sin heridas previas, los así llamados militantes de los derechos humanos protestan... para no perder la costumbre
Algunas personas se concentraron frente al consulado argentino en Montevideo para reclamar justicia por la muerte de Santiago Maldonado, el joven que, según la autopsia, se habría ahogado al intentar cruzar un río. La pequeña concentración llamó la atención, ya que sus protagonistas no hicieron antes manifestaciones de protesta ante las decenas de muertes provocadas en Venezuela por la represión del dictador Maduro, ni tampoco ante el asesinato, verificado aquí en Uruguay, del joven Andrés Pereira en el campamento del Nuevo Partido Comunista.
En este caso, dos señoras leyeron una proclama en la que vincularon la muerte de Maldonado con los desaparecidos en Argentina durante la dictadura militar, un extremo que es imposible de sostener, porque hoy el país vecino vive en plena democracia y todos los antecedentes indican que la Gendarmería, el cuerpo de seguridad que actuó en la circunstancia, no sería responsable de su desgracia.
El tema tuvo una notoria repercusión en Argentina pero se diluyó ante la fuerza de los hechos, ya que la autopsia fue realizada ante un número extraordinario de testigos –más de cincuenta personas– entre representantes de los familiares de Maldonado y de diversas instituciones. Podría decirse que nunca una autopsia fue tan vigilada, por lo que sus resultados son indiscutibles y aunque falta un veredicto final de la Justicia, es claro que el joven no sufrió disparos de bala ni golpes y que murió ahogado. Pero igual, ante los ojos de los “militantes”, Maldonado es una víctima, ya no de la policía pero en todo caso del “sistema”.
La protesta perdió vigor en Argentina y no tuvo ninguna repercusión en las elecciones del domingo pasado, pero igualmente un grupete de uruguayos creyó del caso concurrir posteriormente ante el consulado argentino. Según una crónica de La Diaria, una de las manifestantes expresó: “Como compañeros de la Corriente Sindical Clasista estamos acá porque es una causa sumamente justa, que no solamente conmocionó al pueblo argentino sino también a Uruguay. La política de Macri es neoliberal y de entrega, y la política de Tabaré Vázquez también es neoliberal, de entrega y proimperialista, y tampoco hemos visto ningún tipo de crítica del gobierno de Uruguay al gobierno argentino en ese sentido”, señaló la muchacha, bajo un cartel que rezaba “el Estado uruguayo es cómplice”.
El delirio de la muchacha, quizás aún inocente o romántico, pasaría a ser una mera anécdota si no fuera porque hay muchas personas que militan en el mismo sentido. Hace unos años, el ex senador y periodista José Germán Araújo reconoció que había mentido respecto a la identidad de un joven, sabiendo que no era el hijo de personas desaparecidas pero pidiéndole que aceptara serlo, fingiendo, porque eso le convenía a la causa de los supuestos luchadores por los derechos humanos. El fanatismo y la ignorancia van de la mano, pero a ello se suma la reiteración de mentiras deliberadas que se manejan sin ningún reparo moral.
Lo de Maldonado no es nuevo ni será el último caso: las calumnias y los engaños seguirán promoviéndose por este tipo de ciudadanos, que son, en realidad, enemigos acérrimos de los derechos humanos, que deben basarse en la dignidad y la justicia, valores contrapuestos a la falsedad.
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