La hipoteca
Por Luis Hierro López
Tras quince años de gobierno en las mejores condiciones –mayorías parlamentarias e intenso crecimiento de la economía internacional– cuando en 2020 el Frente Amplio termine su tercer mandato, trasladará una pesada herencia; la de un país trancado y sin horizontes.
El escenario económico es francamente negativo y no hay señales de que la situación vaya a mejorar en 2019. Al gobierno se le hace imposible reducir su déficit fiscal de casi 4%, según afirman varios análisis de expertos y la deuda empieza a convertirse en un problema serio. No se aprovechó la bonanza para reducirla y por el contrario se le ha incrementado irresponsablemente.
El gasto público sigue creciendo. Así ocurrió con la última Rendición de Cuentas. Lejos de “las rendiciones de cuentas de gasto cero” del Partido Colorado, cada Rendición de Cuentas y cada Presupuesto significa un incremento, lo que no repercute en la mejor acción del Estado. Por el contrario, como lo vemos todos los días, la enseñanza sigue retrocediendo, las políticas sociales han fracaso rotundamente según la propia confesión que hizo el expresidente Mujica, y no hay inversiones públicas importantes, ni en vivienda ni en infraestructura. Las pasividades siguen su ritmo ascendente, al punto de que los candidatos oficialistas reconocen que habrá que hacer una nueva reforma al ajuste, como explicamos en el editorial. No hablan de poner nuevos impuestos, pero usan eufemismos: adecuación en vez de ajuste. Sea como sea, el país de 2020 tendrá otra vez el fantasma presente: recortar gastos y aumentar impuestos.
Lo mismo ocurre en el plano social. El desempleo no va a ceder y hoy, si sumamos desempleo más seguros de paro, ya estamos en cifras preocupantes. Excepto lo que ocurra en torno a UPM 2, no hay a la vista proyectos de inversión que permitan pensar que esa tendencia va a modificarse sustantivamente.
Ante esa situación de estancamiento, el gobierno aparece agotado, con un presidente ausente, un ministro de economía que notoriamente ha tirado la toalla y un gabinete en el que no sobresale ninguna figura con empuje. Ahora nos venden espejitos de colores con la posibilidad de que Uruguay sea pionero en introducir el hidrógeno como base energética, lo que en el mundo viene planteándose hace más de veinte años. No se ha terminado aún, exitosamente, la evaluación del impacto real de las energías alternativas, pero el gobierno quiere mostrar la reconversión de la matriz energética como un gran logro innovador. Cuando podamos sacar las cuentas globales, veremos. Por ahora, todo huele a humo.
No hay cambios significativos en las áreas productivas, excepto los que imponen los cambios tecnológicos. El país sigue girando en torno a la carne y a la celulosa y a lo que haga el empuje del agro, todo lo que viene de antes de 2005. Es cada vez más caro producir y montar una empresa. Para poder competir, Uruguay tendrían que ser una gran zona franca, lo que sabemos que no es posible. La lista de tambos cerrados y empresas fundidas es alarmante.
Con este tranco, la hipoteca que nos dejará el gobierno será muy fuerte. Los gastos del Estado representan hoy el 110% de los ingresos de los cuales un 35% van irremediablemente a las pasividades, un 31% a transferencias diversas y un 18% a remuneraciones permanentes. Estamos atados de pies y manos y el margen de acción será cada vez más acotado, a medida que, año a año, los intereses de la deuda sigan creciendo exponencialmente. Uruguay sufre un candado de gasto, impuestos y estrecheces.
Hay que cambiar el rumbo del país, imaginando nuevas áreas de producción, asociándonos a los cambios tecnológicos, incorporando y difundiendo inteligencia, promoviendo una sociedad abierta y competitiva.
No podrá ser el Frente Amplio, responsable del despilfarro de este tiempo y del grave estancamiento que nos ha provocado, el que hará resurgir la vitalidad uruguaya.
|
|
 |
Terminal TCP y el diálogo como coartada
|
La doble lectura de las PISA Julio María Sanguinetti
|
Una semana colorada que vale la pena recorrer
|
Una denuncia que exige respuestas inmediatas
|
Casupá: CAF confirma el alto riesgo que el gobierno minimizó
|
¿De qué se va a hablar el “Día de la Mujer Palestina”?
|
La JUTEP sigue perdiendo crédito
|
La universidad ignota: del absurdo a la irregularidad
|
El Partido Socialista contra la modernización, una vez más
|
Por un camarero...
|
El palo en la rueda Luis Hierro López
|
El Abuso o el túnel que horadó la democracia Santiago Torres
|
Veinte años de trazabilidad individual obligatoria: entre el relato oficial y la historia completa Tomás Laguna
|
Convertir la geografía en seguridad energética Fitzgerald Cantero Piali
|
La prisión domiciliaria que la política no quiso resolver Juan Carlos Nogueira
|
Estables, ¿pero conformes? Angelina Rios
|
Mucha militancia y poco curso: el curso de la Udelar sobre Palestina e Israel (Parte II) Jonás Bergstein
|
El Coyote le hace juicio al capitalismo de mierda Eduardo Irigoyen García
|
Veinticinco años de una herida que no cierra Marcela Pérez Pascual
|
Actuar no es proteger Alicia Quagliata Rienzi
|
Apenas una voz Susana Toricez
|
AfD: el triunfo que la etiqueta no explica
|
Brasil: el Supremo se desordena y la elección se cierra
|
El oportuno sarampión malvinense de Milei
|
La ministra que permaneció sentada
|
Meloni: la estabilidad como victoria y como coartada
|
Alejandro Betancourt, el personaje que ensombrece todavía más el pacto petrolero
|
Frases Célebres 1097
|
Así si, Así no
|
ENTRE DICHOS
|
|