Edición Nº 1069 - Viernes 20 de febrero de 2026

La gloria del Quebracho

Por Julio María Sanguinetti

Un animoso grupo de correligionarios ha organizado algunas actividades para homenajear a la idealista Revolución del Quebracho, tan fracasada militarmente como triunfante en la apertura política que significó su clarinada.

Estamos hablando de 1886, hace 135 años, cuando ejercía la presidencia de la República el General Máximo Santos, que había extremado los vericuetos jurídicos más inverosímiles para perpetuarse en un segundo período. Hasta creó un departamento, Flores, para ser electo como Senador y así, luego de haber entregado la Presidencia, retornar a ella en su calidad de Presidente del Senado, luego de la renuncia del débil titular. Su autoritarismo había provocado una fuerte reacción y un conjunto de importantes ciudadanos, colorados, blancos y constitucionalistas, habían conformado un Comité Revolucionario, que se organizaba desde Buenos Aires.

Actuaban allí nada menos que el ex Presidente General Lorenzo Batlle, los Generales Enrique Castro (colorado) y Jose María Arredondo (blanco) y un grupo caracterizado de jóvenes, muchos de ellos estudiantes, que se alistaban para el sacrificio de la lucha armada, motivados por el espíritu de la libertad política. Pensemos, sin ir más lejos, que allí estuvieron tres muchachos que, años más tarde, fueron Presidentes de la República, colorados: José Batlle y Ordóñez, Claudio Williman y Juan Campisteguy.

Llegaron a organizar una fuerza de 1.600 hombres, que tuvo varios percances de organización y el 31 de marzo, en el arroyo del Quebracho, se enfrentó al ejército nacional que comandaba el Ministro de Guerra General Máximo Tajes, con 5.000 hombres. En cualquier hipótesis estaban condenados militarmente, porque luego de la Guerra del Paraguay, las Fuerzas Armadas uruguayas habían adquirido un nivel de profesionalización muy importante. Incluso Santos había fundado la Escuela Militar con ese propósito. En la batalla murieron 200 revolucionarios y 700 fueron presos y llevados al 5° de Cazadores en Montevideo. Incluso hay curiosas fotos de esos detenidos.

Terminada la batalla, Tajes actúa con histórica magnanimidad, sin represalias sobre los presos, pero justo es decir que había recibido una instrucción del propio Santos en que, hablando de esa juventud, decía "venzamósla, sí, pero vencida, salvémosla", porque "tal vez en esa juventud hay grandes esperanzas para la Patria". Medió también otro mensaje, mucho más duro, contra algunos prohombres de la revolución: "esa canalla de Arredondo, los Ramírez, Aguirre, los Larreta".

Ante la sorpresa de los detenidos, el propio Satnos aparece en el cuartel y pregunta dónde están los presos Garzón y Tajes, hijos respectivamente del General Eugenio Garzón y de Francisco Tajes, una de las víctimas de la Hecatombe de Quinteros. Cuando dan el paso al frente, les dice que están libres y, a partir de allí, uno a uno, les dio libertad a todos. Incluso a Rufino Domínguez, que estaba herido luego de un comportamiento heroico en el combate, lo envió en su carruaje a la casa.

Fue en el fondo y en la forma una gesta romántica, sostenida sobre todo por el entusiasmo juvenil, más que por los fogueados generales. Poco después, Batlle y Ordóñez funda "El Día", que será central en su prédica y acción, y el propio Santos es herido de gravedad en un atentado, que lo lleva a alejarse del país. Soplaban ya otros tiempos, Tajes será Presidente y conducirá una apertura liderada por su gran Ministro Julio Herrera y Obes, luego Presidente de la República.

Los grandes protagonistas son colorados, de un lado y del otro, aunque en la revolución revistaban nacionalistas y constitucionalistas. Hubo idealismo en la Revolución, pero también dignidad y humanidad en el gobierno Se demostró, una vez más que, como dijera Latorre, "los uruguayos son ingobernables", pero en realidad ingobernables para el autoritarismo, que -cuando irrumpió- nunca dejó de ser pasajero.




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