La ganadería de carne y la puerta "vaivén"

Por Tomás Laguna

Una vez más está en el debate público la competitividad de la cadena agro industrial de la ganadería de carne. Recientemente se suman al mismo los sindicatos de la industria (FOICA) y de los funcionarios del MGAP (AFMGAP). En ambos casos reclaman que se autorice la importación en pie de vientres preñados. Planteo no muy diferente al que viene sosteniendo la propia industria frigorífica.

Desde que la exportación de ganado en pie se ha instalado como un canal de comercialización valido, al que ni la izquierda en el gobierno osó oponerse, la discusión se ha centrado en la viabilidad de nuestra industria frigorífica para mantenerse compitiendo en los mercados internacionales cuando su principal insumo, el ganado gordo para industria, se ha vuelto de los más caros del mundo a partir de una oferta supuestamente más restringida en función de que parte importante de la misma emigra en pie. Ante el hecho consumado, el reclamo de que opere la puerta "vaivén" es de recibo. El mercado debe operar abierto para todos los involucrados en el mismo.

De hecho la importación de carne pronta para el consumo opera libremente bajo los necesarios controles sanitarios. Su participación en el mercado doméstico ha venido creciendo, fue el 7% en el 2018, el 12% el año pasado y en lo que va del 2020 ya alcanza el 25%. Los principales operadores son las empresas distribuidoras de carne y las grandes superficies. Se puede decir que habilitar la importación ha operado en resguardo del consumidor, compitiendo con la misma industria y con los ganaderos. No obstante, desde que la ganadería de carne es un negocio volcado netamente a la exportación, el desafío no está en abastecer al mercado doméstico como podría ocurrir con varios productos de granja, sino en colocar al mejor precio posible en los mercados más demandantes del exterior. Ese, y no otras aventuras domésticas, es el objetivo y principal desafío que hemos reivindicado desde estas páginas para INAC.

El planteo que se realiza reivindicando la importación de ganado en pie y además preñado tiene un alcance más estructural. Se trata de aumentar la oferta para nuestra industria procesadora, compitiendo de esa manera con la exportación en pie. Dicho de esta manera no debería merecer objeción. No obstante si la hay desde el punto de vista sanitario, con exigencias que no son para el abasto sino para mantener nuestros mercados externos.

Nuestro país ha logrado un reconocimiento mundial a partir de un status sanitario construido con enorme esfuerzo por todos los actores de la cadena. Productores, industria y el mismo Estado actuando como garante de políticas públicas que se han consolidado a través de los sucesivos gobiernos desde la crisis sanitaria del 2001 en adelante. La trazabilidad ha sido la columna vertebral de esa condición que nos distingue de nuestros competidores. Ingresar ganado de la región, aun cuando sea para el abasto, debería ser aceptado por nuestros clientes en el exterior. En principio debería ser para aquellas plantas no habilitadas a exportar, dónde la trazabilidad debería operar como garante. No obstante no deja de constituir una fisura en un sistema rígidamente consolidado en cuanto a las garantías del origen de la carne exportada. Ese riesgo es mayor si estamos hablando de ganado preñado, dónde el control de la cría genera aún más dudas. El lector debe tener en cuenta que Río Grande do Sul ya anunció su intención de suspender la vacunación contra la aftosa, en procura de alcanzar un quimérico estatus de libre de aftosa sin vacunación. Pero existen otras enfermedades, las llamadas "prevalentes" caso de brucelosis y tuberculosis, para las cuales los programas sanitarios son diferentes entre los países. Importar un foco de cualquiera de ellas sería catastrófico bajo las actuales circunstancias.

Nuestros ganados son los más caros de la región. Nuestros precios de exportación también lo son. En la actualidad, aún con las dificultades que la pandemia ha provocado en los mercados consumidores, el indicador IMEX para la carne bovina sigue orillando los U$S 4.000 por tonelada. De hecho en lo que va del 2020 el valor de la tonelada exportada supera en un 8,4% a los valores del mismo periodo del año pasado. Esto constituye un doble desafío para nuestra industria exportadora, mantenerse en el mercado compitiendo con sistemas productivos más "baratos" como lo son Argentina y Brasil y una oferta de los mismos que soporta menores valores de venta. Nuevamente estamos ante el gran desafío de INAC, mucho mayor que andar habilitando carnicerías en campaña o construyendo plantas de faena en el Uruguay profundo...

Alguien diría, si no podemos importar ganado, prohibamos la exportación. Argumento simple que carga los costos de las ineficiencias de un país caro en el eslabón más débil y sensible de la cadena, la cría. Analicemos datos objetivos. INAC creo en el año 2007 el indicador "Novillo Tipo", en el cual se considera el valor de un novillo de 480 kgs una vez faenado y colocado en los distintos mercados de destino (externos y domésticos). Para llegar a ese valor producido a nivel país, un criador debió entorar una vaca, esperar 9 meses a que pariera, 6 meses más para el destete, luego venderlo en el mercado intra ganadero a un invernador que lo engordará y lo ofrecerá a la industria. Esta cadena durante años fue sometida al embudo de un único canal de venta, tiempos de los ciclos ganaderos y del estancamiento productivo. La posibilidad de canales alternativos permitieron valorizaron el primer producto de la cadena, el ternero. En los años 2008 y 2009, cuando ya operaba la exportación en pie, el criador participaba del 23% de ese Novillo Tipo. En los últimos años el criador participa entre el 30% y 34% del valor final del producto una vez industrializado y vendido. El invernador ha fluctuado entre el 44 y el 48% del valor final. Más afectada fue la industria que disminuyó su cuota parte del 30% al 22% en el período considerado. Si nos remontamos a los años previos a la exportación en pie seguramente la participación de la cría en el valor final generado sería muy marginal. Basta recordar tiempos en que un ternero no valía lo que una "yunta de gallinas" ....

Nos reiteramos en lo que ya hemos argumentado desde estas páginas. No se puede construir una cadena productiva cargando los vicios competitivos del país sobre uno u otro eslabón de la misma. Hoy los costos de las ineficiencias los carga la industria, tomar medidas administrativas para que estos costos se trasladen a la cría implica postergar a pequeños y medianos productores ganaderos, precisamente los criadores, afectando su capacidad de participar en el valor del producto final generado.

Como alguien sabiamente ha sostenido, el mejor sistema es aquel en el cual estando permitida la exportación en pie, la misma no se realiza porque es más conveniente criar y engordar en el país, para que el ganado sea industrializado y exportado por nuestra industria compitiendo internacionalmente ya no solo con la región sino con otros grandes exportadores como el caso de Australia. El desafío es devolver a la industria la competitividad perdida por los elevados costos industriales, los más altos de la región. Y que INAC no se distraiga en contiendas internas y dedique todos sus recursos a captar mercados, permanecer en ellos y luego valorizar nuestro producto promoviendo la identificación de origen. Cualquier otra discusión es inconducente.




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