La exportación de ganado en pie, o la falta de competitividad de nuestra economía.

Por Tomás Laguna

La controversia por la exportación de ganado bovino en pie volvió a instalarse. La alta demanda de un solo mercado y la mayor exportación efectivizada ha puesto nervioso a muchos. Entre ellos al Ministro Benech incapaz de asumir su responsabilidad política en el tema.

Si bien la exportación de bovinos de carne en pie ha sido siempre un tema álgido entre ganaderos e industriales, parecía laudado bajo ciertos parámetros. Sin embargo el aumento en los niveles exportados a Turquía, casi destino exclusivo, reinstaló la polémica. Debemos presumir que los reclamos industriales en los ámbitos del Poder Ejecutivo recalaron en la mesa del Ministro de Ganadería, quien a falta de argumentos propios, u otra cosa... optó por llevar el tema a la mesa de INAC. Una forma poco comprometida para sacarse el lio de encima. Que se arreglen industriales y productores habrá pensado, cuando la jerarquía del cargo lo obliga a tomar decisiones políticas, en el acierto o en el error, pero asumiendo la responsabilidad en definitiva.

Así las cosas, un ámbito que no se corresponde con este tema es provocado en su buen relacionamiento con una controversia que se debería dilucidar en los espacios de las decisiones políticas responsables.

Más allá de estas observaciones, dado que una vez más se reinstala esta polémica, es oportuno volver a reflexionar sobre el valor de la exportación en pie como estímulo dinamizador para la ganadería. Es que no hay misterios ni inventos intervencionistas a la hora de promover el desarrollo de las distintas cadenas productivas. La demanda consolidada a partir de la libertad y transparencia en los mercados es la razón final que impulsa el crecimiento de la producción. En ese sentido la exportación en pie es la demanda ampliada que ha oficiado de estímulo en los últimos años, permitiendo que la cría, el eslabón más débil de la cadena, el que siempre ha sido tomador de precio, el relegado en su participación en el valor final producido, se haya visto estimulada creciendo en su participación en ese producto final obtenido por la industria. Vale recordar que esta fue una preocupación del ex presidente Mujica, cuando ocupo la titularidad del Ministerio de Ganadería durante el primer gobierno del Dr. Tabaré Vázquez. Por entonces promovía a través del Dr. Fratti, su presidente en INAC, medidas intervencionistas que fijaran por la vía administrativa la participación del sector criador en los valores de exportación. Semejante adefesio por suerte jamás se llevó a cabo, pero la preocupación original se vio compensada precisamente por la extracción de terneros por la vía de la exportación en pie. El mercado, no hubo otra razón. Un concepto difícil de asimilar por la izquierda marxista.

La exportación en pie no es un fenómeno de los últimos años. De hecho fue habilitada durante el gobierno del Dr. Lacalle Herrera, justo es reconocerlo. No obstante por entonces los niveles de extracción por esa vía eran poco significativos. Tuvo un fuerte impulso en los dos primeros años (1994 y 1995) para luego caer y estabilizarse. En promedio, entre 1994 y el 2000 la exportación en pie fue comparativamente el 5% de la faena de novillos y vacas. Superado el in suceso de la aftosa la corriente exportadora se retomó en forma muy tímida, significando en promedio el 2% del total faenado. Recién a partir del 2010, con la aparición de los mercados islámicos, este canal de exportación se dinamizó promediando el 10% del total faenado, pero llegando al 14% en lo que va de los últimos dos años y medio. Fue justamente este último el período en que la cría se vio dinamizada. Si en los 90 el criador vendía su ternero en un 90% (en promedio) del valor del novillo gordo, en estos últimos 8 años esos mismos terneros de reposición pasaron a valer entre un 20 y un 30% más que el novillo terminado remitido a faena. Es decir que la base productiva de la cadena, la que oficia de base de la pirámide de acuerdo a la cantidad de productores involucrados, en su mayoría pequeños y medianos, se vio revalorizada en su participación en el valor final producido como nunca lo hizo antes en la historia de la ganadería. Reiterándonos, lo que el entonces Ministro Mujica quería fijar por la vía administrativa lo logró el mercado.

¿Hubo un descalabro productivo? Nada de eso, el stock ganadero creció lo mismo que la faena y la ocupación laboral en la industria. ¿Fue inocuo del punto de vista económico? Obviamente que no. La revalorización del ganado operó en beneficio de los criadores en desmedro del valor obtenido en el negocio por los invernadores y la propia industria. ¿Y? En buena hora, los más débiles mejoraron su posición en el negocio.

Ocurre que hoy, en nuestro país, cualquier proceso industrial que procure transformar la producción primaria en lugar de agregar valor (como vulgarmente se dice) lo pierde desde el punto de vista competitivo. Y eso es consecuencia de querer ser industrial en un país caro, en una economía cuya competitividad está seriamente cuestionada. La industria frigorífica no es ajena a esta realidad. Pero resulta extremadamente mezquino, casi inmoral, pretender recuperar competitividad a costo de otros sectores productivos, si lo que se persigue es limitar la exportación en pie para que de esa manera se afecte el valor de los productos intermedios de los mercados de hacienda.

Se ha argumentado que la demanda casi exclusiva de Turquía es vidriosa y puede desaparecer de un día para el otro. ¡¡Razón de sobra para seguir exportando en tanto este mercado exista!! O bien que Turquía no nos compra carne, con aranceles del 200%. Con 120 mercados a los que ya accedemos uno más no nos mueve la aguja y en todo caso la mayor parte de nuestros compradores de carne nos ponen trabas sanitarias para ingresar con nuestro ganado en pie, no solo terneros sino genética ovina. No por eso dejamos de venderles carne. Las excusas parecen muy simples.

Un concepto final, cuya autoría no es de este autor: “La mejor exportación en pie es la que estando libremente permitida no se hace”. Esto significa que nuestro país es capaz de procesar de forma competitiva todo lo que produce el sector primario, por lo tanto es preferible vender a nuestra industria que exportar sin procesar. Este es el gran desafío para cualquier gobierno. El actual es un monumental fracaso, y no es en la carne la situación más dramática.



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